miércoles, 23 de diciembre de 2009

La Emilia 36: Nooooche de paaaaz, nooooche de amoooorrrrr....

¿Noche de amor? Espero que se me aparezca el niño Jesús en alguna de sus formas porque la verdad es que hace rato que no le veo la cara a su padre. Que quede claro, no soy una maniática sexual, pero al ritmo que vengo, creo que un panda debe de tener más sexo que yo. Bueno, el tema es que a partir de mediados de diciembre a todo el mundo le agarra el apuro. “Nos tenemos que ver antes de fin de año, che”, repiten y repiten. Ahora, yo me pregunto, ¿por qué tengo que ir a tomar algo con alguien que la última vez que vi fue para el brindis de fin de año del año pasado? A mí me encanta festejar, soy re jodona cuando quiero, pero con mis amigos. Y encima mi mamá, que es molesta de por sí durante todo el año, se pone particular y especialmente rompe pelotas a esta altura. “¿Dónde vas a pasar las Fiestas, Emilita?” Juro que hasta puedo escuchar la letra mayúscula de Fiestas, que asociada a la palabra Emilita hace que me agarre una urticaria interna en mi occipital derecho. “No sé, mamá”. “¿Cómo no sé? ¿No vas a estar conmigo?”. “Y si ya das por sentado que voy a estar con vos para qué me preguntás”. “Bueno, es una forma de decir”. Mi mamá está repleta de formas de decir. “Pensé invitar para Nochebuena a la tía Roberta”. “Roberta no es mi tía, mamá, es tu amiga”. “Siempre la llamaste así”.  “No le digo tía desde que tenía cinco años, mamá, y debo recordarte que vos me decías todo el tiempo, ahí viene la tía Roberta, ¿cómo la iba a llamar? Cuando me enteré que no era tu hermana me traumé tanto como cuando me enteré que Papá Noel no existía”. “Lo de siempre, con vos no se puede hablar”. “Y entonces, ¿por qué no mantenemos un respetuoso silencio?”. “Después la llamo y le pregunto qué va a hacer y de paso le digo que la invite también a Josefina”. 

Evidentemente, me espera una noche de jolgorio. El tema de conversación favorito de Roberta es cómo hacer una mayonesa casera sin que se te corte y Josefina es de las que tienen un Cristo colgado en la cabecera de la cama con una ramita de olivo seca. Le voy a preguntar a Vero, qué hace, si quiere venir o si aunque sea nos vemos después de las doce. Es decir, a las doce y cinco.

miércoles, 9 de diciembre de 2009

La Emilia 35: La última tentación.

Finalmente, acepté entrar de lleno en la modernidad y tengo mi perfil en Facebook. Debo reconocer que muchos de mi prejuicios eran infundados. Tiene su costado interesante la herramienta… Una puede contactarse con gente que tenga los mismo intereses e intercambiar información, recibís invitaciones a eventos que de otra manera no te enterarías que ocurren, a cursos, seminarios, etc. etc. Una se encuentra con gente que hace mucho no ve (que al instante de habernos reencontrado, y luego de que la euforia se diluye, una recuerde por qué mierda dejó de ver a esa persona e inmediatamente se arrepienta es otro tema, pero encontrarse nos encontramos). También te da la posibilidad de mantener un contacto más fluido con aquellas personas que una no ve tan seguido pero quiere y entonces así sabemos, por ejemplo, que tuvo un niño, que el niño tiene gases, que el primo se recibió de arquitecto y otras cosas importantes por el estilo. Ah, y también podemos disfrutar de las fotos de nuestros amigos sin necesidad de perder el tiempo en vernos. Pero, y siempre hay un pero, no puedo dejar de preguntarme… ¿qué es lo que hace que una mujer, adulta ya ella, llegue a su casa después de un día en la oficina y escriba “por fiiiiiiiinnnnnn…… un té de frutillas para miiiiiiiiiiiiiiiiiiiiií!!!!!!!!!!!!!!!”? (es fundamental la repetición de letras y de signos) ¿Por qué otra mujer piensa que puede ser importante para mí enterarme que su hijo de dos meses tiene cólicos? Y el boludo de la otra cuadra, a quien acepté porque al principio ese gigante cartel que dice IGNORAR te resulta muy incómodo, ¿cree realmente que a mí me interesa que su amigo Juancho, a quien no conozco, se puso en pedo en el casamiento de otro amigo a quien tampoco he visto en mi vida? Por otra parte, si bien ya entendí que el objetivo de tener un perfil en una red social no es contar entre mis amigos sólo a Verónica, me parece obvio que si vivís en Tanzania y sos profesor de surf no tenés mucho en común conmigo, entonces, ¿para qué carajo me mandás una invitación de amistad corazón?

“Regalos” que me han enviado en estos días:

Rosas, corazones, cervezas, tragos, mates (calentitos, lavaditos, con espumita), brindis de amistad, abrazos, árboles de navidad, dibujos animados, adornos de navidad, besos, tarjetas (de navidad, de cumpleaños, de pascuas, del día del arquero), buenas vibraciones, buenas ondas y hasta almohadas…. Juro que no entiendo. ¿Qué se supone que deba hacer? ¿Me tengo que poner contenta porque alguien en el mundo piensa en mí y como piensa en mí me manda un peluche que dice “te extraño”? Y, muy contenta no me puedo poner, porque pensará en mí pero no me conoce una mierda si no, no me mandaría un peluche. ¿Chupo el mouse mientras me hago el bocho con un daikiri de frutilla? Pregunta quasi existencial: un mate lavadito por Facebook, ¿te da tanta diarrea como uno real? Si la respuesta es sí, ¿quiere decir que el que me lo envió me está mandando sutilmente a cagar? Los demás artículos, ¿los cuelgo del arbolito de Navidad de mi mamá con computadora y todo? ¿Y si mejor se copan todos y se los meten en el orto cibernético? Si no tienen, seguro que alguien generará una aplicación para conseguirlo. Y ahí sí que voy a ser yo la que mande regalitos.

Algunas de las causas a las que me han invitado a unirme:

Florencio Varela merece tener un Aquarium como el de Miami.

Para que vuelva el muñeco Goma Goma a la televisión.

Salvemos a los mejillones de Bruselas, menospreciados por los zapallitos.

Palmiro Caballasca Presidente.

Un Gramy Latino para Vilma Palma y Vampiros.

Por la vuelta de McNamara.

Grupos que alguien supone que yo debería integrar:

Mujeres abandonadas durante el mundial.

Muerte a Larguirucho

Los que creemos que la marihuana no es una hierba inocente.

Si Cristo viviera un porro quisiera.

El Payaso Pepino era un pelotudo.

Algunos quieren que me haga fan de:

El Soldado Chamamé y su primo Margarito Tereré.

Las comedias de Darío Vítori.

La gaita como instrumento de relajación.

Peeero… La puta madre carajo, ¿cuándo, en qué momento de nuestro devenir histórico, desarrollamos esa capacidad de convertir todo, absolutamente todo, en una reverendísima pelotudez?

 

martes, 8 de diciembre de 2009

Se finí...

He terminado los cincuenta y dos “colajes", mañana los entrego...



“Hay que pasar el invierno." (Ingeniero Álvaro Alsogaray al asumir como Ministro de Economía de Frondizi, junio de 1959)




“Billetera mata galán". (Frase que la juventud atribuye a Jacobo Winograd)




“¿Quiere tener smowing? Tome ginebra Bols?" (Publicidad de los años ´60)



martes, 17 de noviembre de 2009

La Emilia 34: Las olas y el viento ( y un zucundúm de la hostia)


El viaje en el mini bus que se compraron para poder transportar semejante cantidad de personas y cosas fue un verdadero placer… Sólo tuvimos que parar unas cinco veces: porque uno de los mellizos vomitó, porque el otro se cagó y hubo que cambiar esa arma química llamada pañal, porque la de nueve tenía sed, el de siete hambre y la de doce quiso ir al baño porque no le alcanzó con ir las otras cuatro veces que habíamos parado. Siete horas con reguetón de fondo después llegamos a la casa de veraneo que queda a trescientos cincuenta kilómetros del lugar en el que viven. Al hombre de la casa casi no lo vimos en los tres días que estuvimos allá. Apenas llegamos se fue a jugar al golf y estuvo todo el día dándole a la pelotita. Qué tipo raro el que inventó el golf, me lo imagino sentado mirando la lontananza y pensando “voy a inventar un juego en el que haya que pegarle a una pelotita diminuta con un palo y meterla en un agujero pequeñito que esté a ochocientos metros de distancia”, bastante enfermito la verdad. El marido de Luisiana tiene como frase de cabecera eso de que “el deporte es salud”, y con ese latiguillo enferma a los demás. Convengamos en que también lloró con la muerte de Favaloro y fue a todas las marchas de Blumberg. Es decir, no entra en la liguilla de mis amigos. Mientras el señor jugaba su deporte favorito, nosotras llevábamos a los niños a la playa. Hicimos un promedio de trescientos castillitos de arena por día. En un momento en que los mellizos estaban tratando de comerse un caracol que habían encontrado enterrado, el de siete y la de nueve se peleaban furiosamente por una pelota y la doce gritaba “cállense pendejos, mamá hacé algo” como si tuviera un megáfono incorporado en su garganta, Luisiana, mirando el horizonte, dijo “te juro que a veces me siento superada y no sé qué hacer”, y yo, también mirando el horizonte, contesté, “Matalos, es la única solución posible”. Aprovechando que no había ningún ecologista cerca, apagué el cigarrillo en la arena, e inmediatamente después nos paramos para construir el castillito número trescientos uno.
                                                                                                            


 

lunes, 9 de noviembre de 2009

La Emilia 33: Los excéntricos Luisianos.

Yo me pregunto… tantas cosas me pregunto, pero bue… Mi amiga Luisiana, la que hace unos meses tuvo un virulento ataque de histeria insaciable porque pensó que su marido le metía los cuernos y después no pasó nada, (ni con el esposo, ni con los cuernos, ni con la secretaria, ni con la histeria) y cuando llegamos a la casa con Vero a las tres de la mañana ya se había tomado la pastillita y nos dijo que había “over reaccionado” (Luisiana no puede parar de mezclar palabras que llegado a un punto sólo ella entiende), siguió haciendo cheesecake y construyendo junto a su maridito el Taj Mahal del amor. Una es una chica moderna y sabe que es imposible que alguien quiera acostarse toda la vida con la misma persona, es una ferviente defensora del amor libre, cree que todo es un mandato cultural y/o religioso y hasta entiende que la infidelidad sea casi necesaria para darte algo así como un equilibrio psicológico, entonces, cuando lo cruzás en los cumpleaños ponés tu mejor cara de vaca atada y domesticada. Aunque una tampoco pueda evitar mirarlo y, sin emitir sonido, decirle “volvés a hacer sufrir a mi amiga y hago todo lo posible para que te corte las bolas y las cuelgue del arbolito de navidad o, en su defecto, invite a los vecinos a comer criadillas al horno con salsa de puerros”. Y así todo sigue corriendo más o menos por los carriles habituales. Para una, y para ella, el maridito y sus cinco niños. Sí, cinco. Yo no entiendo, te juro. No me vengan con que una persona decide tener tamaña cantidad de hijos por amor. No tengo dudas de que la persona que hace eso tiene una irremediable tendencia al suicidio, no se anima a calzarse la 38 en el paladar blando y en consecuencia decide tener muchos niños para entretenerse y no pensar, qué sé yo, si no no se explica… Una de doce, otra de nueve, otro de siete y los mellizos de dos, oh my… La cuestión que ella, su maridito y sus cinco niños se iban un fin de semana a la costa y me invitaron; últimamente soy un imán para invitaciones tentadoras, me llueven propuestas desopilantes todo el tiempo, supongo que la gente debe de pensar que como no estoy en pareja, estoy sola, me aburro, y por ende siente un deseo irrefrenable de entretenerme. Lo que más me revienta es esa cara de compasión con la que me miran, toda una invitación a la trompada feroz… Fui muy diplomática. 

“Ni en pedo, Luisiana”, le dije. “Dale, te va a hacer bien”. “¿El qué me va a hacer bien? ¿Hacerme el harakiri con elúltimo modelo de Power Ranger, intentar matarme cortándome las venas con uno de los accesorios de Barbie, o atragantarme con la pasta frola que seguro vas a hacer mientras tu hija mayor nos deleita con “La vecinita tiene antojo” a todo volumen a las dos de la mañana?” “¿Por qué no te copás y me venís a dar una mano?” Eso es otro cantar, como soy The Queen of Boluds si me hablan de frente no puedo negarme. Y allá partimos, a pasar un fin de semana tan entretenido como el noveno concurso internacional de estatuas vivientes…

jueves, 29 de octubre de 2009

La Emilia 32: Puedes dejarte el sombrero puesto (y, en realidad, el resto de la ropa también)

“Decime, ¿no dijiste que estar enamorado es querer hacer feliz al otro todo el tiempo?”. “Sí”, le contestaron. “Entonces, ¿por qué no te vas a la mierda? Vas a ver lo feliz que me pongo”. Y… Vero cuando se enoja es brava. La prima se volvió al campo pero, pequeño detalle, se olvidó de decirle que se iba al muchachito con el que vivió una profunda historia de amor de tres días. Y tanto llamar a lo de Vero para saber algo de la prima, se terminó enamorando perdidamente de mi amiga. Lo conocemos poco, pero sí estamos seguras de que es enamoradizo el chico. También sabemos que pretende convertirse algún día en un intelectual porque lee todos los domingos la columna de Beatriz Sarlo en la revista Viva y porque no le gusta el fútbol y aprovecha para ir al super cuando juega Argentina porque no hay nadie. Lindo, pero chiquito, en demasiados aspectos. “Qué levante tu prima, eh.” “¿Viste? Bueno, igual convengamos en que le viene bien todo lo que se presenta.” “¿Será que es gauchita porque es del campo?” “No sé, boluda, una vez escuché que hay distintos tipos de libido, ella lo tendrá plástico, qué sé yo.” “¿Plástico? ¿Existe eso? Cagamos, yo creo que lo tengo atrofiado.” “¿Querés a la noche venir a casa a comer una pizza?” Cortamos y me quedé pensando en los distintos tipos de libido. Yo no sé si atrofiado no será mucho, pero estresado lo tengo seguro, no… tampoco, lo tengo pensador… ese es mi problema, mi libido piensa mucho y de tanto pensar se vuelve indiferente. Pobrecito, está un poco afligido en realidad. Tampoco tengo de qué quejarme, siempre me moví más o menos dentro de los carriles habituales… aunque no me vendría nada mal cruzar alguna que otra línea amarilla cada tanto. Veré que hago en el futuro. 
Total que no me voy a andar preocupando tanto por lo que va a pasar, si no, me pierdo lo que está pasando ahora, que es… nada, la puta madre. Soy una especie de película mal subtitulada, mi cerebro dice una cosa, mi boca otra y más abajo se lee algo totalmente distinto y, lo que es peor, últimamente he estado rodeada por mucho analfabeto. Mejor, me dejo de joder y me empiezo a preparar para ir a lo de Vero. Nos tomamos unas cervezas y hasta por ahí brindamos por la prima y todo. Ahijuna. 

jueves, 22 de octubre de 2009

La Emilia 31: Fever Night Fever Night Fever

Dos amigos que, abatidos por no encontrar el sexo desenfrenado que antes de salir imaginaron conseguirían mientras ensayaban una mirada profunda a lo Clint Eastwood frente al espejo, beben en silencio, acodados en la barra, aburridos pero sin dejar de fruncir el ceño. Otros dos amigos que no paran de hacerle bromas a todas las chicas que pasan y, a juzgar por las miradas que reciben, los chistes son divertidos como una endodoncia. El que está parado con el whisky en la mano sonriéndole vaya una a saber a quién, por lo general de jeans y camisa blanca a rayas celestes y que nunca liga nada. El que se quedó en los setenta, se desprendió la camisa hasta casi el ombligo y se dejó los tres pelos que le quedan hasta el hombro. El grupo de recién divorciadas haciendo que festejan y son felices. La que tiene trescientas horas de gimnasia por semana, no se clava nunca una hamburguesa, ya no sabe lo que es un bombón, y el último alfajor que comió se lo trajo su abuelo de Mar del Plata en el verano del 82. Preciosa y amarga como ruda macho. La que dice que no le gusta llamar la atención y por eso se pone jeans con encajes, blusa blanca escotada y transparente (en lo posible con priedritas brillosas), tacos como zancos, algún toque de animal print, mucho peinado de peluquería, mucha uña esculpida. La que se apoya en una columna, mira… mira… mira… revolea… revolea… revolea… histeriquea… histeriquea… histeriquea… Hombres que miran a mujeres y mujeres que miran a hombres. Más o menos esto es lo que vimos en el lugar que nos recomendó el mozo del restaurante cuando, después de comer, a la prima se le ocurrió ir a bailar y, antes de que yo pudiera abrir la boca, Vero me miró con la típica cara de “no me dejes sola, por favor, viene una vez por año a visitarme y mi obligación es llevarla donde quiera”. Era un lugar de gente un tanto más grande que nosotras. A la prima no le importó. Fue entrar y perderla. Qué sé yo, sudará feromonas la tipa. Tengo un lapsus en mi memoria, no sé cómo pero de pronto estaba bailando, desenfrenada, con Vero y con mi quinta cerveza en la mano. “I was made for lovin' you baby” es sencillamente irresistible. Reaparece la prima, saltando como loca, despeinada, y gritando que había conocido a un cubano increíble pero que no besaba tan bien como el rubio que tenía de la mano. ¿Venderán feromonas en pastillas? Yo en realidad me tendría que dar una endovenosa diaria. Todo pasa muy rápidamente en estos lugares. Por fin se me acerca un muchachito, un poco muñequito de torta pero nada feo. Lástima que abrió la boca. “¿Cómo te llamás?”, me pregunta en un arranque de originalidad y extrema confianza. “Emilia”, le contesto y recuerdo que no debo beber tanto. “Qué lindo, con e de esperaza”, me dice.  “Ah, te gusta Diego Torres, lo nuestro no va a andar, corazón”. Las tres no fuimos al otro lado de la pista, lo dejamos a él y perdimos al rubio en el camino. “No importa”, dijo la prima, “ya me había dado el teléfono, mañana lo llamo”. Seguimos bailando otro rato. Hasta que empieza a sonar Color Esperanza y, como era de esperar, reapareció el muñequito. “Seguidor como perro de sulky”, me dice la prima. “Tu posmodernidad me alucina”, le dije. Me miró y no sé si ella no me entendió a mí o si yo no la entendí a ella. Total, que lo que nos surgió a las dos fue una estridente, borracha y por qué no campechana carcajada. Y sí, cada tanto hay que pintarse la cara.

miércoles, 14 de octubre de 2009

La Emilia 30: Las invasiones bárbaras.

“Dale, venite. ¿Qué vas a hacer? ¿Te vas a quedar sola en tu casa?” Yo sabía que no tenía que ir. Que la intención de Vero era más que buena y generosa. Pero no estaba de humor para bancar a nadie que no fuera yo misma o, como mucho, ella, que es lo más parecido a yo misma que conozco. Pero la carne es débil, dijo mi bisabuela cuando todo el mundo se dio cuenta de que mi abuelo era muy parecido al lechero… uy, qué dispersa estoy hoy… Cuestión, que fui… al cine y después a comer con Vero y su prima, que estaba de visita. La prima es de un pueblo que se llama Cuchú tafí o Tafí cuchú o Tufí Memé, o algo parecido… sólo sé que es lejos y que queda en el campo, ese lugar, como decía no me acuerdo quien, donde las gallinas andan vivas y sueltas revoloteando por ahí. “Pero yo a tu prima la conozco, Vero, es demasiado tranquila para estar conmigo en este momento”. “Justamente, nos va a ayudar a bajar un par de cambios a las dos”. Más que un par de cambios, nos va a poner en punto muerto, pensé. Pero Vero tiene razón, a veces, está bueno juntarse con gente que no tiene mucho que ver con una, para variar. ¿Para qué carajo queremos variar? Y variar, ¿qué?, me pregunto yo. La película… no la que hay que variar, la que fuimos a ver… qué decir, no era mala, de hecho a la prima le gustó, para mí fue total y absolutamente intrascendente. Una de esas comedias donde no esbozás ni una mínima sonrisa, donde el chico pobre, tonto o nerd termina enamorando a la chica más linda e inteligente del barrio a pesar de que ella se estaba por casar con el príncipe de Asturias, y son felices y comen perdices, animal que crece, ¿dónde?, en el campo, será por eso que le gustó a la prima. Ojo que yo no pretendo burlarme de nadie, muchísimo menos en este momento de corrección política mundial en el que estamos sumergidos, el campo es bueno y generoso, tiene la vaca que nos da la leche pero, la verdad, a mí me importa tres carajos. A mí a la vaca traemelá en lo posible arriba de una parrilla y bien jugosa o, en su defecto, teñida de fucsia y en forma de zapatos o cartera. Nos sentamos a comer en un restaurante moderno para que la prima conociera los placeres de la gran ciudad. Una bosta, esos típicos lugares donde te traen un plato que se llama Vieyras del Pacífico Sur con salsa de orégano y chocolate, te cobran cinco millones de dólares y encima no podés fumar. Por supuesto, a la prima le encantó. Pero claro, para ella un pollo al champiñón ya hubiera sido un plato sofisticado. Otra vez, cero prejuicio, válgame dios, pero yo también tengo derecho a expresar mi opinión, qué joder. Como diría mi locólogo, dios lo tenga en la gloria no porque se haya muerto sino porque lo maté yo, no físicamente eso es más que evidente sino estaría hablando desde otro lugar y no desde acá cómo me acabo de ir al carajo me acabo de dar cuenta, tengo el pensamiento enrulado… ¿Tendré que volver a terapia? Como decía, él insistía en que yo vivía aclarando “yo también tengo derecho a…” como si tuviera la necesidad de recalcar… y sí tengo la necesidad, boludo, le decía yo, ¿por qué te pensás que vengo acá? ¿Por qué vos sos lindo? No soy tan boluda (también ya sé que si digo tan es porque un poco boluda me siento, termínenla con tanto inconsciente, mierda). Ahora sí que me fui, me perdí y ya no sé adónde estaba… ah, con la prima comiendo una suprema Maryland. Uf, me aburrí… sigo después.

viernes, 9 de octubre de 2009

Maldad inocente.

Ella tenía veinte años, quería conocer Egipto, tener aventuras. Él estudiaba antropología, y decía lo mismo. Como era de esperar, se casaron. Él empezó a dar clases en la facultad y ella se dio cuenta de que no estaba con Indiana Jones. No hubo Egipto ni aventuras. Sólo una sucesión continua de reclamos. “Me aburrís”. “Me amargás”. “Nunca tenemos un peso”. “¿Por qué no te vas?” “¿Por qué no te morís?” “No te quiero ver más en mi vida”. Él, siempre imperturbable a sus quejas. Hasta que dijo: “No me provoques más, por favor”.
Fueron sus últimas palabras. No habló más esa tarde. Explotó, ella por supuesto.
“No tenés derecho”. La invadió una especie de crueldad necesaria que no pudo contener. “Siempre mirándome con ojos de buitre, como si yo fuera una momia”. Imbécil fue lo menos que le dijo. “Sacás lo peor de mí”. Confesó sus amantes. “Impotente, mariquita, inútil”. No podía parar. “Te veo y me dan ganas de vomitar”. Tuvo la imperiosa urgencia de tirarle el mundo por la cabeza. “La culpa de todo la tenés vos”. No le alcanzaba con humillarlo, quería más. “Poca cosa”. No lo podía evitar. “Sabés que tengo razón, lo sabés”. Quería una especie de resarcimiento que estaba convencida que merecía. “¿Quién te pensás que sos? Estúpido. ¿Barreda? Pero dejá ese cuchillo donde estaba, haceme el favor. Ni que te fueras a animar.”
Fueron sus últimas palabras. No habló más. Nunca más. Se fue a la facultad caminando, él por supuesto.

jueves, 8 de octubre de 2009

La Emilia 29: Chau, no va más.


De: Emilia; Asunto: Gracias, Fede.

Lo único que puse fue el asunto. Ni un hola. Ni un chau. Ni un te mando un beso.

¡Ja!

¿Ja?

lunes, 5 de octubre de 2009

La Emilia 28: Help, I need somebody´s help.

De: Heu Casino; Asunto: Alguien lanzó los dados por usted.

De: Euro Prime Casino; Asunto: Felicitaciones, ud. Ganó 300 euros en fichas de casino.

De: Fiesta Club; Asunto: ¿Le encanta una buena fiesta? Entonces le encantará Fiesta Club Casino.

De: Royal Casino; Asunto: Juegue con 555 euros del dinero de Royal Club Casino.

De: Vero; Asunto: ¿Cómo te fue en lo de tu vieja?

De: Federico; Asunto: teléfonos.

Estos son todos los mails que recibí en el día de la fecha. Por lo menos no cayó ninguno que me ofrezca alargar mi pene. A Vero no sé qué contestarle. Y a Federico tampoco. Lo único que pone es el asunto y dos números. Ni un hola siquiera. Ni un chau. Ni un te mando un beso. El tiempo parece que lo puso lacónico. “¿Recibiste mi mensaje?”, me dijo antes de que pudiera cerrar la puerta. “Sí… y te contesté, eh” - mentí – “pero una maquinita me dijo que el teléfono estaba fuera de servicio, viste cómo andan para la miércoles las compañías” (debe de ser la única persona en este mundo que me hace decir una frase tan estúpida como “para la miércoles”, por las santas barbas de Telecom, Emilia, contrólate). “Lo que pasa es que tengo número nuevo”. “¿Y entonces cómo querés que te llame?” “No te pedí que me llames, te dejé mis nuevos números para que los tengas por cualquier cosa”, me contestó con esa sonrisa llena de dientes que en ese momento me reprimí para no bajárselos de una trompada. “Perdón, lo borré”. “Entonces te mando un mail para que los tengas”. Me insulté en arameo por quedarme en el “Hola, soy Federico” y ensordecer inmediatamente. Y, como tratar de despejar el nubarrón de silencio que se había formado era más imposible que reírse con una película de Bergman, me fui. Tampoco me iba a quedar para revelar los secretos de mi endotelio con tanta liviandad. Mucho menos delante de mi madre. Que bastante info tiene, y si no se la imagina. Sólo lo miré, y, la verdad, yo me comunico bastante bien con mi cara. Cuando quiero soy una anguila en una pileta con agua enjabonada.

De: Emilia; Asunto: ¿Vero, qué hago?

jueves, 1 de octubre de 2009

La Emilia 27: Mi mamá me mima, mi mamá me mata (y no de la risa precisamente)


Mi mamá es de esas personas que aprietan el control remoto de la tele cada vez más fuerte cuando se está quedando sin pilas. El control remoto, no ella; a ella no se le terminan nunca. No se lo puedo hacer entender. Cuando llega el momento, hay que cambiarlas. Las pilas. Y otras cosas también, pero en el fondo todos somos un poco como mamá y nos cuesta. Cuando me llamó, parecía agonizar. “Disculpame que te moleste, mi amor. No doy más, Emilita, pasá por la farmacia y comprame un calmante, hijita querida. Esta pierna me está matando”. “Mamá”, le dije con toda la paciencia que pude encontrar en el más recóndito lugar de mis ya bastante agotadas pilas, “es lógico que te duela la pierna después de todo lo que hiciste”. Aclaro que se había ido a Mendoza con el centro de jubilados y poco menos que escaló el Aconcagua. Cosa de viejos, decía mi abuela. “No, no, no es eso, seguro que es la rodilla y me voy a tener que operar, o peor, la cadera. Yo no voy a dejar que me toque cualquiera, imaginate”. “Mamá, ya estoy yendo para allá y tranquilizate que nadie te va a tocar”. Ahora que me doy cuenta yo estoy como mi mamá. La última persona que me tocó el culo fue una enfermera para darme la inyección. Bueno, pero volviendo a mami. Por supuesto que no le compré ningún medicamento, llegué a la casa y estaba sentada en el sillón mirando una telenovela. “Hola, mi amor, qué suerte que viniste, ¿me trajiste el remedio?” “No, mamá, no te voy a comprar nada sin que te vea un médico antes.” “Me vas a matar, estás cada vez más parecida a tu abuela, a la madre de tu padre, por supuesto, Dios la tenga en la gloria.” “¿Cómo tengo que tomar que me compares con la abuela?” “Bien, por supuesto, ¿cómo lo vas a tomar? No entiendo tu pregunta.” “No sé, siempre dijiste que era una yegua hincha pelotas de mierda.” “No hables así de tu abuela. ¿Ves que sos igual? Siempre hacés lo que vos querés”. “Dios te oiga”. Dos dioses en muy poco tiempo, me estoy poniendo nerviosa. Ni hablar del tema de cómo la muerte santifica, mejor lo dejo para otro día. “Bueno, a ver, mamá, ¿qué te duele?”. “Todo”. Un placer hablar con mami. “No te puede doler todo, mamá”. “¿Vos me vas a decir a mí qué es lo que me pasa? Es el colmo”. “Mejor llamo al médico”. “¿Para qué?” “¿Cómo para qué? ¿Me querés volver loca?” “No, mi amorcito, vení sentate conmigo a ver la novela, charlemos un rato y ya vas a ver cómo me voy a sentir mejor. Debo estar cansada, como me dijiste.” Mejor me siento, el matricidio tiene muy mala prensa. “Nena, estaba pensando….” Sonamos, cuando mami piensa hay quilombo en puerta. “A mí me parece que estás muy sola, hija.” “No estoy sola, mamá, lo que vos querés decir es que no tengo pareja, novio, tutor o encargado, llamalo como quieras”. “Es lo mismo”. “No, mamá, no es lo mismo”. Silencio. Pero ya sabía yo que iba a volver. Mamá siempre vuelve, es un boomerang la hija de puta. “¿Hace mucho que no lo llamás a Federico? Es tan bueno ese muchacho, tan trabajador e inteligente”. “Eso se terminó, mamá”. “Una lástima, la verdad, a mí me gustaba”. “Sí, ya sé, pero el detalle es que me tiene que gustar a mí”. “Si a vos te gusta, yo lo sé, soy tu madre, un chico tan simpático. Yo sé que te hizo sufrir, pero también sé que vos lo querés”. Casi me afloja la vieja, caí como un chorlito, por usar una frase moderna. “Hace unos días me dejó un mensaje en casa”, le conté. “¿Y no lo llamaste?” “No, la verdad que no sé qué hacer”. “Yo sí lo llamé”, dijo mami, “debe de estar por llegar en cualquier momento. Lo invité para mostrarle las fotos del viaje. No sabés lo bien que la pasamos.” Me quitó toda posibilidad de reacción. Sonó el timbre. Y sí, era él. Como dije, cuando mami piensa, quilombo en puerta.

martes, 22 de septiembre de 2009

La Emilia 26: Mujeres al borde.

Lo soporté estoicamente. La verdad que tenía razón. Una vez más. “¿Por qué no me avisaste? ¿Me tengo que enterar después de que pasó todo de que te hiciste una biopsia, pelotuda?” “Bueno, Vero, no te enojes, salió todo bien”. “¿Y eso qué tiene que ver? ¿Qué te pensás, que soy tu amiga nada más que para la joda? ¿Con qué necesidad, me querés decir, pasaste por todo eso sola? ¿Cuándo me lo pensabas contar, la puta madre?” Estaba enojada, me di cuenta porque puteaba mucho y ella no putea. No podía hacer otra cosa que callarme y mirarla con mi mejor cara de gato de Shreck, que, por supuesto, no funcionó. Sonó el portero. “Me salvó el gong”, pensé. Equivocada, como de costumbre. “Subí”, dice Vero. “¿Quién es?” “¿Qué te importa?” “Bueno, che, basta, ya me hice todo y todo dio negativo por suerte, así que acá no ha pasado nada.” “Ese no es el punto”. “¿Y cuál es el punto?” “Lo sabés muy bien”. “¿Cuánto más vas a estar así? Ya te di la razón”. “Hasta que se me cante el orto”. Estaba muy enojada. Timbre, Vero que abre la puerta y yo que pongo cara de haber visto al mismísimo demonio, o a dios, que es lo mismo. Me sorprendí, bah. Era Josefina, una amiga de primaria de Verónica que tiene la mente tan abierta como un Equeco y que no entiendo cómo la soporta y que encima se está por casar después de aproximadamente diez años de noviazgo con el chico con el que está más o menos desde que nació. “¡¡Hola chicaaas!!”,  grita como si el dos ambientes de Vero fuera la mansión de los Carrington. Nos saludamos con toda la hipocresía que ambas dos somos capaces de sobrellevar. Nuestro amor es mutuo. Vero se fue a la cocina a llevar las medialunas crocantes que trajo su amiguita y yo la seguí. “¿Se va a quedar mucho tiempo? ¿Qué hace acá? ¿Por qué la seguís viendo a esta forra?” “Porque me charla y me cuenta cosas y así me da a mí la posibilidad de hacerlo”. “¿Y de qué hablan? ¿De la germinación del poroto que hicieron juntas en el año 79?” “¿Por qué no dejás tu preciosa ironía en la puerta la próxima vez que vengas, boluda?”. “Ufa, che, cortala con las puteadas que me estás poniendo nerviosa”. Josefina empezó a hablar de su único tema por estos días, y no paró más. “Es mucho trabajo, Emilia, que los trámites del Registro Civil, que las participaciones, que la lista de regalos, ¿me entendés?” “¿Cómo no te voy a entender? Casarse es un trabajo”. Insalubre hubiera agregado si no fuera porque en algún lugar todavía me reprimo. “¡Y la fiesta!… Que el cotillón, que el catering, que la música, que los manteles, que los arreglos de mesa… (seguiría, pero la lista de ítems fue interminablemente aburrida). Y una quiere que todo salga super bien. Por eso decidimos contratar una wedding planner. Además, con esto de la boda, me tengo que mantener en forma. Ahora entreno dos veces por semana, una vez hago esferodinamia y otra esferokinesis.” No voy a hacer ningún comentario con respecto a la última frase porque ya es demasiado, pero juro que no entiendo a la gente que contrata a otra gente para hacer las cosas que supuestamente les tiene que gustar hacer. Por ejemplo, si no disfrutás sacando a pasear un perro, ¿para qué tenés uno? ¿para contratar a un paseador? Dejate de joder. Pero ya me estoy acostumbrando a andar a contramano. Como alguien me dijo el otro día (ese alguien siendo más precisamente mi amada madre, “Ay, Emilita (porque ella me va a llamar Emilita hasta los 85 – los míos, no los de ella) vos siempre buscándole el pelo al huevo”; a lo que yo le respondí: “Pero el huevo, ¿tiene el pelo o no, vieja?”. “Ves, ves, lo que te digo”, me contestó con la impunidad que la caracteriza. Bueno, pero volviendo, ¿por dónde andaba? … a sí por eso de andar a contramano y acostumbrada, en realidad al corso a contramano que a veces me anda por la cabeza me tendría que acostumbrar o, por lo menos a esta altura de la vida, conformarme. Qué difícil, que lo parió. Pero volviendo otra vez a la amiga de mi amiga, que seguía hablando de su wedding planner diplomada, que le cobraba alrededor de tres millones de dólares para hacer lo que antes hacían la mamá, la tía o la hermana gratis. “Es que no hay cerebro que pueda barajar tanto dato, presupuesto, proveedor…”. Lo que no hay es cerebro y punto, querida, pensé yo, pero nuevamente mi compasión fue más fuerte. “Y además esta chica es buenísima, es super, tiene una propuestas super creativas, ¿sabés que me aconsejó hacer, Vero? Una suelta de mariposas, no me vas a decir que no es maravilloso?” “¿Y por qué no hacés una suelta de cucarachas?”, le sugerí. Vero trató de congelarme con la mirada pero ya era demasiado tarde y ya había escuchado demasiadas cosas y la represión y la compasión se me habían ido al reverendísimo carajo. “A mí me parece muchísimo más creativo, ¿te imaginás el despelote? Todos comiendo en el super salón que alquiló tu super wedding planner, todas en esos super vestidos super largos y, de golpe, zaracatunga, aparecen super cucarachas super enloquecidas, y todas se suben a las sillas y pegan super gritos de pavor.” La novia quedó en silencio, Vero largó la carcajada, y yo entonces supe que estaba todo bien, que era lo único que a mí me importaba.

miércoles, 9 de septiembre de 2009

La Emilia 25: Quémese después de escucharse.

Juro que no lo entiendo. Le doy vueltas, le doy vueltas, y cada vez lo comprendo menos. Escucho y creo que lo que escucho es suficiente para que salga una horda de mujeres enfurecidas a lincharlo; y no, lo aman. El pibe logra que hasta la Virgen de la Caramañola de Nuestra Merced de Caballito quiera levantarse la pollerita cual Marilyn Monroe pero sin necesidad del subte. Me explican que es simple y que por eso llega al corazón. No, señoras, simple es, por ejemplo, hablar de pingüinos para expresar frío en la cama, metáfora que envidiaría el mismísimo Becquer Gustavo Adolfo. No digo que haya que esperar al príncipe azul que nos transporte en un caballo blanco hasta el palacio para hacernos reinas. Ya sabemos que por lo general el caballo no llega ni siquiera a la categoría de burro al igual que el que lo monta, pero no por eso nos vamos a conformar con que nos digan que nos quieren aunque seamos gordas, feas, viejas y pedorras con olor a pata.

“Amarte a ti no es lo mejor, eso lo tengo claro”: Pero por qué no te vas a la puta madre que te parió, de base, digo, para empezar a hablar.

“Amarte a ti no es lo mejor pero me gusta”: ¿no querés que te pegue con el látigo también?

“Acepto que a veces no soy tierno, que a veces soy frío como invierno”: Los zapatitos me aprietan las medias me dan calor y la rima metétela en el toor.

“De vez en mes te haces artista, dejando un cuadro impresionista, debajo, del edredón. De vez en mes con tu acuarela pintas jirones de ciruelas que van a dar al colchón”: a ver, mi amor, si entendemos algo; los amantes no defecan, no eructan, no se tiran pedos y, mucho menos, ¡¡¡pretenden hacer poesía con mi menstruación!!! por favor, chancho asqueroso, dejate de joder.

“Si me dices que sí, piénsalo dos veces; puede que te convenga decirme que no”: pero por qué no te vas a amenazar a tu abuela y, de paso, te lavás el culo con nafta común.

Podría seguir ad infinitum, pero prefiero, ya que estoy, darle algunas ideas para su próxima producción:

“Ya sé que tenés celulitis pero no me importa ahora hay buenos tratamientos y te aseguro que no te miento”.

“No te preocupes por tu panza, con que la metas para adentro cuando me ves, me alcanza”.

“Tus arrugas no me importan porque el peceto al caramelo te sale bárbaro”.

“Me calienta el pedacito de lechuga que se te ve entre los dientes cuando te reís”.

Por favor, adónde vamos a ir a parar con tan pocas pretensiones. La verdad que antes de ir a escuchar a este tipo, prefiero ir a la Fiesta Nacional del Poncho en Catamarca, por lo menos es más auténtica.

Y Federico, si me quiere ver, mejor que se ponga las pilas y me vuelva a llamar… y si no, mejor, le paso los teléfonos de todas las que me dicen que lo llame porque es un “divino”… Menos mal que los análisis me salieron bien, que si no…  

miércoles, 26 de agosto de 2009

La Emilia 24: May the Force Be with You


El doc, con una tranquilidad pasmosa, te mira y te dice “hacé todos los trámites, los análisis y pedí cama para el miércoles”. Evidentemente, el tipo no tiene la menor idea de lo que te está pidiendo. Porque encima te aclara, “por favor que no se te venza la orden”. Por supuesto que no, doc, quedate tranquilo, dije yo en un ataque de estupidez sobrehumana. Lo llamé, no a Federico, al que me dijo que la China le quedaba cerca si era para verme a mí, a ver si me acompañaba. Creo que entendí mal. Se debe de haber referido al Barrio Chino, el hijo de puta. Cinco mensajes le dejé y no contestó ninguno. Convengamos que en el último lo mandé a la puta madre que lo parió, pero ese no es el caso. La educación es la educación y los mensajes se contestan, qué joder.

Total que aquí estoy, esperando como siempre en estos casos a que un señor de guardapolvo blanco se digne cual vampiro moderno que convive con mortales comunes y corrientes a sacarme sangre y a agarrar mi orina calentita en su mano… Nadie me puede negar que hay profesiones de mierda, a quién le puede gustar andar tocando el meo de otro, por dios; o andar revisando bocas ajenas, es un asco; y sádico además, estoy segura de que todos los dentistas tienen algún látigo guardado por ahí…. o esposas de cuero… o agujas… Toooodo el instrumental lo deben de usar para otros fines… o le pegan a los pibes, qué sé yo… algo deben esconder… Bueno… a ver… mientras tanto me tengo que entretener. Me olvidé el libro que estaba leyendo, como siempre, lo paseo todo el santo día al pedo y cuando lo necesito… me cago en la hostia, decía mi abuelo asturiano, cuando tengo que esperar y no tengo nada para leer me agarra como una especie de síndrome de abstinencia incontrolable que no me suelta hasta que no encuentro algo… En la mesita hay unas revistas, pero son todas “femeninas”. Muy instructivas, por cierto. Una puede aprender tantas cosas. A hacer un strip tease, a seducir al vecino del cuarto, a preparar una rica comida para esperarlo, a tejer un gorrito andino. Te dan ideas para salvar el planeta, para meterle los cuernos a tu marido y que no se entere, te explican que hay detectives que se dedican a seguirlo en caso de que sea él el que te los meta a vos y te enseñan cómo hacer para que no se te seque la magnolia y/o el perejil. Entre medio también te dan diez tips para crear tu propio emprendimiento sin salir de casa. Nunca falta el test (Para saber si sos feliz: ¿Te levantas cantando a la mañana la canción de la Novivia Rebelde?; adicta al sexo: ¿Le exiges a tu pareja hacerlo cinco veces por día y si no quiere se lo pides al verdulero?; o buena gente: Si ves un ciego, ¿le ayudas a cruzar la calle?). Mi favorito es el consultorio sentimental. Éste sí lo voy a leer. “Mi novio quiere tener un bebé, ¿cómo hago para decirle que no estoy preparada?” (no le digas nada, seguro que igual se da cuenta, mi amoooor); “Tengo la fantasía de hacerlo con dos hombres, en lo posible negros, no soy para nada original, ¿no?” (No, pegate un tiro); “Soy recontraindependiente pero quiero a mi lado un hombre que se haga cargo de mí y me proteja”. (¿No viste Psicosis?); “Mi novio me pidió que lo unte con yoghurt, ¿es normal?” (Siiiií, usá descremado de frutilla, es el que vuelve locos a todos, alcanzarás orgasmos múltiples). Y, por supuesto, el horóscopo: Un encuentro con alguien del pasado moviliza tu pulso cardíaco, sacá el pie del acelerador para ver con claridad (si lo llego a ver a Federico, ¿a vos te parece que voy a estar pensando en el Automóvil Club o en mi oculista, pedazo de idiota?!) Tenés que aprender a mirar lo desconocido con menos temor (¿y por qué no te venís a pinchar vos en mi lugar, proyecto de nada? Ahí vamos a ver si sos tan guapa para dar consejos). No te quedes con las ganas, atrevete al deseo, pero amor es otra cosa. (¿En qué quedamos, mi amor? ). Será precioso lo que vivirás con alguien de tu mismo signo. (Como que no sea con mi gato negro, lo dudo). No sé para qué me meto a leer estas cosas si ya sé que me ponen de mal humor…

“¡Emilia!”, escucho que me llaman y allá me levanto y voy, sin el “chino”, sin Federico y, lo que es peor, sin mi gato.

jueves, 13 de agosto de 2009

La Emilia 23: S.B.I. (Síndrome del Boludo/a Importante)

Síntomas:

*Usa expresiones tales como: “no fui de cuerpo”, “la punta del obelisco” o “qué día de miércoles”.
*Regala muñequitos pequeños, en forma de pompón, con cartelitos que dicen cosas como: “¿me das un abrazo?”
*Película favorita: Carrozas de fuego.
*Dice, “un día de vida es vida”… y se come una medialuna.
*El último libro que leyó se llama La alegría de estar vivo; y tiene en la mesita de luz una copia de Quién se ha robado mi queso y de El caballero de la armadura oxidada.
*Pasados los treinta todavía cree que el perro que tenía a los nueve se fue a vivir al campo.
*Su fantasía sexual más loca es hacerlo sobre la mesa de la cocina.
*Cada vez que puede dice (levantando las cejas, pestañeando lentamente al mismo tiempo y con una sonrisa digna de Sor Juana Inés de la Cruz): Lo esencial es invisible a los ojos.
*Otra frase favorita: Carpe diem.
*Cuando se ríe se tapa la boca para que no se le vea el hueco del diente que le falta.

Tratamiento Posible:
*No existe. Sólo resta huir.
(Believe me, lo digo por experiencia.)

jueves, 6 de agosto de 2009

La Emilia 22: Just when I thought I was out...

… they pull me back in, dijo Al Pacino. Me encontré con Sandra a tomar un café. Sandra es una amiga del secundario. No sé si seríamos amigas si nos conociéramos hoy, la verdad es que mucho en común no tenemos, pero nos une el cariño de una historia, dirían en un comercial de galletitas de salvado. Ayer estaba particularmente pesada. Me contó cosas, tantas, muchas, un montón. Todas giraban, básicamente, en torno a su novio. Y al hecho de que hacía como dos semanas que no la llamaba. “Lo que pasa es que debe de estar cansado, trabaja mucho”. Que acababa de separarse y tenía miedo a un compromiso, que lo había traumado el divorcio de sus padres, que me parece que le gusto demasiado por eso no me llama. Las mismas boludeces que decimos todas cada vez que cometemos el error de tratar de analizar la conducta de los tipos y de convencernos de que hay otro motivo además del simple "no me banca más". Horas debatiendo al reverendo pedo. Qué bárrrrbaro. Cobardes de mierda, por qué no lo dicen y listo. Para qué nos dejan hablar tanto, me pregunto yo. La última vez que lo llamó, le dijo que estaba ocupado porque había venido un primo de Madrid. “Ah, no sabía que tenía parientes en España”. “No, yo tampoco”, me contestó. Terribles, los momentos en que una no sabe qué decir son terribles. La duda, siempre la duda. “¿Qué hago? ¿Lo llamo otra vez?”. “¿Cómo otra vez? ¿Ya lo llamaste?” “Obvio, y me dijo que el viernes que viene no puede, que está ocupado”. Se me terminó la duda. “Pero mandalo a la puta madre que lo parió, ¿qué es? ¿Un 0-800 que está siempre ocupado el pelotudo ese?” “No puedo, es un dulce de leche… cuando hacemos el amor… no sabés… una entrega, Emilia, una entrega…”.Pero, ¿es un tipo o un servicio de delivery, boluda?”. “Ay, Emilia, no entendés nada, no quiero estar sola”. Qué le voy a decir, si yo tampoco sé qué hacer. Federico me dejó un mensaje, después de un año. Cada tanto se va y, lo que es peor, cada tanto vuelve. Y, lo que es peor de lo peor, lo decide él. Y siempre me manda al psicólogo. Es lo que decía al principio, cuando pensé que estaba afuera, me vuelven a entrar.

miércoles, 22 de julio de 2009

Muchas gracias...

... a la revista Culturalia, de Barcelona, y en especial a Violant Muñoz Genovés por incluir mi cuento "el del suicida" en el último número de la revista.


sábado, 18 de julio de 2009

La Emilia 21: Cosa de minas.

Ayer fui a la peluquería. Hacía un tiempo ya que mi pelo me lo pedía a gritos, por usar una de las frases preferidas de mi tía Elsa. Juro que no soy de ir mucho a la peluquería, en realidad no sé para qué mierda lo juro, todos los que me conocen saben que no necesito jurarlo. Y los que no me conocen con sólo mirarme se dan cuenta, para qué andar desperdiciando juramentos al pedo. Me estoy yendo, otra vez empecé a dispersarme, tengo que concentrarme, tengo que focalizar, igual hay que reconocer que es muy difícil después de pasar por la experiencia que pasé yo… Y sobre todo después de un tiempo de no… bueno, voy a tratar de volver a lo que quiero contar: nunca en mi vida escuché tantas pero tantas pelotudeces juntas. La peor: había una mina que se había hecho fanática del movimiento slow y trataba de convencernos a todas las allí presentes que no podíamos seguir viviendo si no adoptábamos la misma postura. Ahora, si mal no entendí, este movimiento viene a ser algo así como una reacción en contra de la agitada vida cotidiana. Entonces, yo me pregunto, ¿por qué carajo no se van a vivir al campo y nos dejan tranquilitos y en paz a todos los loquitos del asfalto y el frenesí? Y me surge otro interrogante: ¿por qué si yo no trato de que ella disfrute masticando un pedacito de alquitrán, ella sí trata de convencerme a mí de que yo debo disfrutar del verde pasto y “disminuir mi marcha para ser feliz”? Ahora que lo pienso, nadie en su sano juicio puede usar esa frase. Yo no le contestaba. No la miraba. Me sumergí en una revista y traté de interesarme en la última pelea entre Cristian Castro y su mamá. La manejé más o menos bien hasta que se me paró adelante y me apuntó con unos folletos. Más de ochenta kilos envueltos en un plástico blanco y una cabeza cubierta por una gorra con agujeros de la cual salían muchos pelos de distintos colores. Recordé la noche que mi mamá me llevó a ver El Exorcista. Doce años tenía, mi mamá la verdad una irresponsable, yo se lo pedí y la volví loca lo admito pero… Bueno, vuelvo al momento del terror. “Creo que esto te puede hacer bien”, dijo. “Son cursos de yoga, filosofía, cocina lenta y ecología. Yo los hice cuando volví de las vacaciones y empecé a vivir en serio, lo que pasa es que el movimiento slow va más allá de lo retinesco, no permite que se te quiebre la felicidad, ¿entendés?” Tuve piedad porque la pobre mujer no me conocía y no podía saber que yo perdí todas mis posturas de yoga en el mismo preciso momento en que perdí mi habilidad para chuparme el dedo gordo del pie y que si quiero estudiar filosofía no voy a hacer un curso con un señor que se llama Aiko Ashú (podría escribir una enciclopedia sobre Aiko, pero la dejo para otro día). Yo sólo pensaba en resistir, y en no volcar en palabras pensamientos tales como: si sos tan feliz, ¿por qué tenés esa cara de nutria en desgracia? O, ¿por qué no te sloweás el orto hija de puta y me dejás de joder a mí? La peluquera se debe de haber dado cuenta de que yo era un volcán y que su negocio podía llegar a convertirse en Pompeya en cualquier momento porque raudamente intervino, agarró los folletos, los puso sobre una mesita y con una sonrisa de oreja a oreja decía mi abuela, una sonrisa de compromiso, por no decir más falsa que la mierda, la llevó a la nutria hasta uno de los sillones, le dio una revista y dijo “Creo que la clienta ya entendió, Martha, no es necesario insistir sobre el tema, ¿verdad, querida?” Le agradecí con la mirada. Creo que su intención fue seguir ayudándome. Pobre, era la primera vez que me veía. “Y vos, querida, ¿tenés novio?” La cagó. Una hace lo que puede pero si insisten… “Y a vos, querida, mi amor, corazón, ¿qué carajo te importa?”, le contesté. La sonrisa se la cayó. Con bastante mala cara me pidió que por favor la acompañara a un rincón y en voz muy baja me dijo “Vos sos una tapada, pero sos loca como yo. Tenemos que ir a tomar un café”. “Cuando quieras”, le contesté. Y bue, a lo mejor, quién te dice, es el comienzo de una gran amistad. Le voy a decir a Vero que el mes que viene vayamos juntas.

jueves, 9 de julio de 2009

La Emilia 20: Nota al pie.

Parece que Feinmann (José Pablo, no el primo) y yo andamos más o menos en la misma. Hace unos días, escribió un artículo en el que decía: “No obstante, uno se siente cada vez más raro en este país y hasta en este mundo. Se mete para adentro, se guarda, escribe y dice algunas cosas”. Aunque debería decir andábamos. Unos días atrás. Hoy y solamente hoy, no sé mañana, he decidido que de ahora en más voy a decir más que “algunas cosas”. Me perdí por unos momentos, pero I’m back. Preparensén. Eso sí, prometo que trataré de perfeccionar el arte de decirlo de la mejor manera posible. Pero no creo que me salga. Jodansén.
Para empezar, me ponen de muy mal humor los buenos. Son sospechosos.
Esa gente con cara de buena, actitud de buena, que nunca habla mal de nadie, que siempre tiene a flor de labios una frase optimista y conciliadora, que permanentemente te compele a que veas el lado positivo de las cosas. Esa gente cuya frase favorita es “no hay mal que por bien no venga”. Esas minas que vienen a tu casa y te traen una torta recién hecha (por ellas, obviamente), que te preguntan cómo estás, que todo el tiempo quieren saber si te pueden ayudar en algo. Que no paran de ofrecerte cosas. Que dicen ser tus amigas. Que te regalan para tu cumpleaños una camisa blanca de broderie acompañada de una tarjetita con un osito que dice, por ejemplo, “Buscaba la dicha en la amistad y no me equivoqué porque la encontré contigo”. Esa gente así, como la vecina de mi amiga. Que no paraba de decir que era “floja de corazón” y que llevaba caramelos en su camioneta 4x4 para darle a los chicos que piden plata en las esquinas. ¿Pero quién te pensás que sos? ¿Teresa de Calcuta Revisited? Ojalá que seas floja de corazón y te dé un infarto masivo, hija de una reverenda yegua puta, con perdón de las yeguas y de las putas. Ojalá que la próxima vez que vayas a correr al parque te cagues encima y tengas que limpiarte el culo con una ortiga. Ojalá que, de ahora en más, cada vez que estés desnuda en la cama con un tipo no puedas parar de eructar y tirarte pedos. O mejor, como todos estos deseos míos casi seguro no se cumplen, la próxima vez que te vea caminando de la mano con el ex marido de mi amiga, te agarro de las mechas. ¿Tu mamá no te enseñó que eso no se hace, nena? ¿Que con el de una amiga, por más ex que sea, no?
Y al final no me salió, voy a tener que seguir practicando.

martes, 7 de julio de 2009

La Emilia 19: Rara, como encendida...

Una sabe, siempre sabe. ¿Qué te pasa, Emilia? Nada, contesto, con la más cara de Emilia que alguien se pueda imaginar. En eso, en hacerme la boluda, convengamos en que tengo un master. Doctorado en cara de nada.
Pero en el fondo, una sabe. Por lo menos eso dice, o decía, mi psicólogo a quién abandoné hace un tiempo porque ya no aguantaba más; pero no quiero, decirlo digo. Ni escucharlo. Ni pensarlo. Ja ja, qué fácil…
Me siento muy sapo de muy otro pozo muy todo el tiempo.
Casi nunca quiero estar en el lugar en el que estoy ni con la persona con la que me encuentro. No es que me caiga mal la gente, todo lo contrario, todo el mundo me cae bárbaro. Menos yo. No me soporto más. Me aburro soberanamente cuando estoy con otros. Cuando estoy sola, peor. ¿Por qué será que siempre tengo la sensación de que los demás tienen vidas mucho más interesantes que yo? Ah, ¿sabés qué hice ayer? Me acosté con mi cuñado y creo que estoy enamorada; me cuenta una, que no sabe que hace diez minutos su cuñado me contó ¿A que no sabés qué hice hoy a la mañana? Finalmente, me acosté con Rafael y creo que estamos enamorados. Eso sí que es no aburrirse, carajo. Qué bello es vivir, decía Capra; que por otro lado nunca había visitado el segundo cordón del conurbano bonaerense.
Cuando hay mucha gente en un lugar, me quiero ir, siempre, y, cuando logro estar sola, siento abandono. Es preocupante. No hay cura. Juro que me esfuerzo por perder el tiempo, pero no me sale. Cuando estoy mala me digo cosas horribles: pelotudona (que, como todos podrán apreciar, es muchísimo peor que pelotuda a secas); mediocre proyecto de intelectual; de qué te quejás si tenés menos atractivo que un cobayo. La verdad es que soy un encanto.
Decir que ya me conozco y mucho bola no me doy cuando me pinta la autoestima baja, que si no…
Es lo que decía al principio, master tengo….

miércoles, 1 de julio de 2009

Despojos.



El sol pegaba fuerte en el cementerio. Él, tal cual le había enseñado su madre, no había perdido ni por un instante la compostura. Las amigas de su mujer habían puesto cosas dentro del cajón. Un paquete de cigarrillos, una entrada a la cancha y una petaca. No lo entendía bien. Los veintisiete años de matrimonio se le hacían pedazos. Sabía que en esta historia de origen manchado no había inocentes. Pero aún así, lamentaba no poder comprar recuerdos. De golpe se dio cuenta de que había sido necesario que se muriera para conocerla. Tarde, una vez más llegaba tarde.

domingo, 21 de junio de 2009

La Emilia 18: Tristeza nao tem fin.

Por favor, a todos los que me conocen, les digo que, si no quieren despertar una especie de tsunami verbal en mí, traten en lo posible de evitar pronunciar las siguientes frases en mi presencia:

*Justo ayer estaba haciendo zapping y de casualidad vi… (llénense los puntos suspensivos con el nombre de un programa de TV pedorro)

*Mi mayor defecto es que soy muy sincera (Y el mío que tengo las tetas de la Cucinotta)

*Para salir, hay que tocar fondo de verdad. (¿Qué fondo, la puta madre? ¿No alcanza con abrir la puerta?)

*Yo conocí el infierno de las drogas y me pude salvar. (Disculpame, pero usar la frase “el infierno de las drogas” es prueba suficiente de que no te salvaste)

*¡Qué casualidad que me llamaste! Justo estaba pensando en vos. (Y yo estaba pensando en hacer una donación a la Madre Teresa de Calcuta)

*Te lo cuento a vos pero, ¡por favor! Que no salga de acá. (Ja – Ja – Ja)

*Hay que disfrutar el aquí y el ahora. (Chau entonces, negrito, me voy a disfrutar de la vida en vez de escuchar las boludeces que decís)

*Si la empresa crece, crecemos todos. (Andá a la reputamadrequeteparió)

*Llevátelo, te queda divino. (Andá a la reputamadrequeteparió 2)

*No sos vos, soy yo.

viernes, 19 de junio de 2009

La delgada línea roja.

Tonto, necio, estúpido, opa, ganso, hasta pánfilo llegaron a decirme. Limitado, corto, que no tengo todos los caramelos en el frasco, que tengo unos cuantos jugadores lesionados, que no me sube el agua al tanque. Pobrecito. Ah, inimputable también escuché una vez. Y bueh, ella me sacó hacia fuera de mí mismo y la tuve que matar. Total, vamos, si era una puta. Estoy contento porque esto me hace notorio. E importante. Porque no pienso poner cara de conejo en desgracia, al contrario, lo voy a llevar con orgullo. Y ellos, que me conocen de toda la vida, ahora, cuando me vuelvan a ver, me van a empezar a tratar con más respeto. Por las dudas. Pobres, ¿no?

martes, 16 de junio de 2009

La Emilia 17: ¿Quién acompaña tu marchaaaaaa?

Yo no soy creyente, pero cuando me dicen que dios me va a castigar, a veces, me asusto. Por eso, cuando llego a casa después de ver a mi madre, me pongo la ropa que me regaló y escucho los cds que me compró. Siempre. Esta vez, debo reconocer que me entusiasmaba la idea de volver a escuchar algunas canciones que formaron parte de mi más tierna infancia, diría el Doctor Socolinsky. Supuse, equivocadamente, lo que es habitual en mí por cierto, que me emocionaría, que me reíría, que me provocaría ternura, que me ….. No. Por poco ni me las acordaba las canciones, así que dejé la música de fondo mientras me cocinaba algo… No debemos de pensar que ahora es diferente, mil momentos como éste quedan en mi mente Empieza la canción y yo empiezo a recordar… No se piensa en el verano cuando cae la nieve… ¡Qué metáfora, lo parió! Deja que pase el momento y volveremos a querernos… ¡Error! Never se vuelve, querido... Tú, aire que respiro en aquel paisaje donde vivo yo…. Escucho esta última frase y no puedo dejar de pensar en la tía Herminia que está totalmente convencida de que todos los músicos y/o artistas de cualquier tipo y factor se drogan, a lo mejor tiene razón. Callada, aguardo tu llamada, espero en celo tu llegada, me abrazo fuerte a la almohada, me embriago de su perfume que huele a nuestras noches de amor. La verdad es que hay que ser muy pero muy inteligente para decir que estás caliente y te hacés una pajota sin que nadie se ofenda. Aplausos. Callada, (canta él, Camilo, obviamente), perdonas con ternura, todas mis locuras, y aunque sé que nada ignoras, y que por mis errores lloras, no soy capaz de cambiar. ¡Qué hijo de puta!, sonrío y, sin querer, grito: ¡master of the universe!… Ella: Y a pesar de todo, y a pesar de todo, te sigo queriendo. ¡Qué boluuuuudaaaaaaaaaa!!!! Él: Por tu timidez, por tu sencillez, por tu alma blanca. ¿Qué soy una palomita yo? ¿No entendés que te acabo de decir que estoy en celo? Ella: Por tu buen amor, por tu gran valor... Los dos: Porque sé que nunca me darás la espalda... Repitum ad infinitud… Cuando me di cuenta de que estaba cantando a viva voz, la cuchara de madera como micrófono, que la salsa de tomate de mierda que me estaba haciendo ya se me había quemado y que me había manchado la remera de leopardo que me había comprado mi mamá, decidí llamar a Verónica, antes que ponerme a llorar.

martes, 9 de junio de 2009

La Emilia 16: Parte de la religión.

Mi mamá es de esas mujeres que se compran una blusa aunque le quede grande y le chingue por el solo hecho de que está en oferta. Después, como no sabe qué hacer con el adefesio, me la regala a mí. ¿Y yo qué hago? Me la pongo, por supuesto, y le agradezco. ¿Por qué? Ya todos sabemos por qué, para qué nos vamos a poner reiterativas. A veces, la cosa no termina con la ropa. El otro día, por ejemplo, me esperaba con un par de cds, uno de Franco Simone, y otro de Ángela Carrasco y Camilo Sesto, sólo faltaba el Dúo Candela preguntándome a los gritos ¿Quién extenderá mi cama? Antes de dármelos, por supuesto, no pudo dejar de alabar a la hija de su amiga. Es tan buena, la viene a ver todos los días a la madre. La hija de la amiga de mi mamá es simplemente beige y debe de tener como objetivo en la vida graduarse de telemarketer. Mi mamá lo sabe pero, como practica ese tipo de crueldad que nace de la necesidad (de la necesidad de romperme las pelotas a mí de por vida), no puede dejar de nombrarla y elogiarla cada vez que se le presenta la oportunidad (que son muchas, muchas más de las necesarias). Es tan buena, repite. Una madre que se precie de tal siempre sabe qué botón apretar y una hija a la altura de las circunstancias nunca deja de saltar ante el estímulo. ¿Por qué es buena, mamá? ¿Porque no mató a nadie? Ahí está, ya tenías que repetir la típica frase de tu padre. A papá dejalo en paz, por favor. Tu padre hace rato que duerme en paz…. Decime, nena, ¿vos te alimentás bien? ¿Cómes milanesas de soja? Porque el otro día leí en una revista que hacen re bien. Ok. Es así, mi mamá no usa palabras, usa garrotes. Mejor me voy a casa a escuchar Los grandes éxitos del amor.

miércoles, 3 de junio de 2009

Agujero absurdo.

Domingo a la tarde.
Alguien se pone nostálgico aunque no tenga pasado. Otro se deprime sin razón. O con ella aunque no lo sepa. Él se aburre soberanamente desde que nació. Y, lo peor, se propone cambiar. Básicamente, todo. Trata de arrastrar a los demás en su búsqueda, sabiendo de antemano que no va a encontrar nada, y abandonándolos a mitad de camino. La madre siempre dice que es un chico muy sano, que nunca ha necesitado ir al psicólogo ni nada. Él se ríe y repite el dicho con un dejo de bronca. Como marcado por un estigma, se vuelve sinuoso. Formal por temor. Se casa casi hasta por hacerse el irónico. Se consigue una amante para curarse los celos. El entrelíneas, para los de afuera por supuesto, es clarísimo. Un balazo en la cabeza. Al final, tanto quilombo para terminar con un balazo en la cabeza.
Domingo a la tarde.

viernes, 29 de mayo de 2009

Códigos.

Siempre esperando, tanto que ya no sabía qué. Cansada de pretender que no le importaba, se envió un ramo de flores con una tarjeta que decía “Te amo”. Se lo agradeció de una manera descomunal. Él, como en ese momento no quería que le contestaran, no preguntó. Sólo dijo: “Por favor, mi cielo, es lo menos que te merecés”. Ella entonces se llamó a silencio y decidió volver a perderse en la cotidianeidad del trapo rejilla y la lavandina. A la noche hicieron el amor, aunque era lunes.

miércoles, 27 de mayo de 2009

Imagen detenida.

Una deliciosa bocanada. Un terrible dolor en el pecho. Un relámpago que nadie ve. Un agujero que se abre en el cuerpo.
…debo tratar de no perder la línea, que nadie pueda después decir que te abandonaste a la neurosis… aunque te vaya muy bien y tengas mucha plata, si nadie habla de vos, no sirve, sos un fracasado… esto es lo mismo… concentrate que va a salir todo bien…
Un último pensamiento boludo.

sábado, 9 de mayo de 2009

El cartero llamó sólo una vez (y fue más que suficiente)

Cuando vio el sobre sin remitente nuevamente en su casa, le resultó difícil reprimir una sonrisa. El domingo anterior, con mucha paciencia, había recortado las letras de la revista y formado la frase “Tu marido te engaña. Una amiga”. No quería hacer demasiado daño, sólo buscaba una excusa para sacárselo de encima. Lo abrió casualmente, como quien espera encontrarse con la última oferta de teléfonos celulares. Poco a poco se le fue transformando la cara. Hasta empalideció.
- ¿Qué te pasa? – le preguntó el marido, que tomaba mate, ignorante. Estás blanca como un papel.
- Nada, nada, creo que me bajó la presión. Mejor me tiro un rato a descansar.
Calló. Una vez más.
Tampoco se animó a tirar el papel que decía: “Tu marido te mete los cuernos, querida, avivate de una buena vez”.

miércoles, 29 de abril de 2009

Silueta frágil.

Me han engañado y convertido en mi antagónico y paralelo. Yo antes bailaba, siempre bailaba. Pero se burlaron de mí. Me sumergieron en una quietud oscura, somnolienta y obscena. Ahora soy amargo, taciturno, y cuando abro la boca es sólo para atacar y pisotear todo lo que encuentro a mi paso. Traté de encontrarle la vuelta, o aunque más no fuera la curva, el desvío o el atajo. Me resultó imposible escapar de esta obligada e inevitable metamorfosis; hoy soy un monstruo que se ha devorado a sus hijos y devorará a los hijos de sus hijos. Por eso no me importa lo que me puedan decir ahora. Yo no los perdono. Porque aunque ya se hayan muerto, yo todavía no los enterré.

lunes, 27 de abril de 2009

Herida abierta.

Sé que los que me escuchen, no me creerán. También sé que mi locura tranquiliza a la mayoría. No importa. Así las cosas, prefiero dar testimonio. Aunque si quisiera sabría y podría callar. En definitiva, ¿alguien puede decir que jamás dijo sí cuando un no era la única respuesta? No busco excusas, sólo que me entiendan. Empiezo por contarles que la liviandad de los muertos es asombrosa. No me acuerdo de ninguno de ellos, pero los recuerdo a todos. Porque me dieron un momento perverso y, lamentablemente, irrepetible. Porque son dignos de Dios. Porque ayudaron a salvar a otros vivos. Sí, es verdad, maté. O me mandaron matar, es lo mismo. Sólo soy un débil que sigue a los que odian, nada más, aunque compre en la misma farmacia que vos.

martes, 21 de abril de 2009

La cita.

Ningún “tercero en discordia”. Simplemente el fin. Al amor hay que protegerlo, dice la madre. No se puede proteger lo que no existe, piensa ella. Hoy se encuentra con él a la tarde. Otra vez después de mucho tiempo. No sabe para qué llama. No quiere adelantarle nada. Por las dudas, decide ir. Necesita con urgencia un par de zapatos. No encuentra los adecuados. Sale del shopping con un vestido y una camisa que no usará. Ni hoy ni nunca. Le quedan grandes y mal. Se le hace tarde. Termina yendo con la misma ropa que está desde la mañana. Entra al bar. Es oscuro. Ella no va más a ese tipo de lugares. Ya no le gustan. Ya no es ella una loca oscuridad despeinada. Cuando le cuente, no lo va a poder creer. Tanto te insistí, va a decir él. Lo único que le queda de aquella época es la nostalgia. Se zambulle en la cartera buscando el encendedor y no lo encuentra. Se acuerda que ya no fuma. Espera. Decide esperar sólo unos minutos más. Lo ve venir. Está cambiado. Tiene el pelo largo. Y un cigarrillo en la boca. Se levanta y se va. Para qué…

jueves, 16 de abril de 2009

La Emilia 15: Padre, ¿por qué me has abandonado? II

Yo durante doce años fui a un colegio de curas, es verdad, pero también es verdad que no se me nota ni el bautismo. Mi amiga, la recién separada con la que pasé un fin de semana de jolgorio viendo El Rey León 3 siete veces, insiste en que no tengo que ser, y juro por el dios en el que no creo que cito textualmente, “tan atea”. Yo le explico que no soy atea, que soy agnóstica a lo que ella me responde que es lo mismo. Siempre fue de simplificar las cosas. “¿Y cómo hago para hacer agnóstica por la mitad, eh eh??” Estábamos en el medio de esa ridícula discusión sin sentido, tipo doce de la noche, con CSI de fondo, en pijamas y pantuflas, tomando Baileys y comiendo un serenito cada una (el delivery de helado parece que fuera de temporada no funciona, hijos de puta) cuando llamó una amiga de mi amiga, a la que, para evitar confusiones llamaré Hermenegilda, la que dijo que como estaba por la zona al otro día nos vendría a visitar. Ese es un punto que nunca jamás en la vida entenderé, ¿cómo una amiga de una puede tener otra amiga que es tan distinta a lo que es una? Es un misterio de la naturaleza. Herme es el tipo de mujer que jamás tiene nada de qué quejarse. Yo no sé cómo hace para soportar tanta felicidad. Es cornuda y lo sabe y, como es de público conocimiento, la cornuda consciente es una cornuda de raza. Es una cornuda como con pedigree. A Herme por otro lado se le nota que, como decía mi tía abuela, hace mucho que no le ve la cara a dios. La verdad, seamos sinceras, si yo fuera dios tampoco me dejaría ver la cara por Herme. ¿Ves? Yo, si se la viera más seguido, por ahí dejaría de ser un poquito agnóstica. Mirá por dónde casi casi me vengo a convertir… Total que al otro día nos vino a visitar Herme nomás. Yo me alejé (todo lo que pude, era un dos ambientes), tuve la intención de dejarlas solas para que charlaran de sus cosas. Me tiré en el sillón a leer. Pero Herme es integradora, no me quería dejar afuera. ¿Qué estás leyendo? El libro del Horóscopo Chino. Ay, ¿Y qué sos Emilia? Serpiente. Ay, que feo. No contesté. Ay, ¿Y vos creés en esas cosas? (Se ve que tanta felicidad le termina causando dolor) Un poco. (Que conste que yo siempre trato de que no se me salte la cadena). Y ¿por qué creés en esas supersticiones? Porque prefiero creer en éstas y no en que un señor bajó del cielo y nació de una mujer que nunca fue penetrada. Creo que no me entendió, porque insistió. Ay, ¿y no creés en ningún santo? Yo soy devota de San Expedito. Yo cada vez que puedo, le prendo una vela a San Poronguito pero últimamente no me está escuchando mucho. Ay, vos insistile, que a la larga siempre te escuchan. Qué sé yo, como dice mi amiga Verónica, hay gente rara. Amén.

miércoles, 15 de abril de 2009

Escritora serial.



Kala, joven editorial mejicana con sede en Monterrey , ha inventado una nueva categoría: los ESCRITORES SERIALES, y ellos los definen como aquellos que escriben: "Narrativa. Relatos urbanos, cotidianos, frescos, agudos, interesantes e incluso venenosos, como el escorpión de nuestro logotipo”. Total que, me han fichado para su 13va. edición digital y allí estoy entre otros escritores de América Latina y de España que les recomiendo conocer. Un honor y unas gracias enormes a la gente de Kala y en especial a Damián Carrillo.

domingo, 12 de abril de 2009

La Emilia 14: Padre, ¿por qué me has abandonado?


PCA (Programa Chino Auténtico): que una amiga recién separada te pida que la acompañes a la costa a pasar la semana santa con su hija de cinco años, aceptes, tardes el jueves siete horas en hacer trescientos cincuenta kilómetros, viernes y sábado veas El Rey León 3 unas veinte veces y el domingo te levanten a las siete y media de la mañana “total la nena ya se despertó y así evitamos toda la gente que vuelve porque la entrada a la ciudad va a ser un caos”. Por la Santa Poronga de Barrabás, Batman, we´re in the oven (es decir, estamos en el horno). Como dice un amigo, ampliaremos, pero hoy no porque estoy cansada…

miércoles, 8 de abril de 2009

La Emilia 13: I see dead people.

Cuando lo desperté, el señor que roncaba y hablaba y cantaba a mi lado, se enojó. Se levantó, me miró profundamente a los ojos e, imitando la voz de Alberto de Mendoza, me dijo:
-Sos un iceberg.
-Sí, y vos sos el Titanic, macho, te hundiste. Perdoná, pero te mandaste la gran Di Caprio, mi amor.
Por supuesto que se fue.
A la noche, mi amiga Verónica y yo teníamos una fiesta de cumpleaños de una ex compañera del secundario, a la que hacía poco habíamos vuelto a ver en unas de esas famosas reuniones de ex alumnos reencontrados por medio de alguna también famosa red social. Porque ahora parece que está muy de moda andar buscando gente por el cyber espacio todo el tiempo y, obviamente, reencontrarse con todos aquellos seres que una en la adolescencia no soportaba, razón por la cual nunca más los volviste a ver en tu vida. Como no queríamos ir, le compramos un par de chinelas y, a la tarde, cuando sabíamos que estaba en el trabajo, se las dejamos al portero del edificio. A lo mejor, con el tiempo aprendió a entender sutilezas y el año que viene no nos invita.
Me alegra mucho tener una amiga con quien sacar a pasear la brutalidad con un cierto grado de desparpajo y desnudez, sobre todo después de pasar tanto frío.

sábado, 4 de abril de 2009

La Emilia 12: Hasta la vista, baby.

Una de mis amigas, la que hace poco se casó y repentinamente se convirtió en el templo a la dicha doméstica y a la monogamia feliz, me sugirió que tenía que dejar de salir con chicos más chicos que yo. La verdad, no sé si me habrá querido decir de manera diplomática que me deje de hacer la pendeja o qué pero, por las dudas, le hice caso. Toda la vida fui una niña obediente, por eso estoy donde estoy… porque siempre, absolutamente siempre hice lo que mi mamá me dijo que hiciera, no sé para qué mierda pero ese es otro tema… la verdad que en cualquier momento vuelvo a terapia… Total, que empecé a salir con un señor un poco más grande que yo, nunca le pregunté la edad pero me parece que la diferencia entre él y yo la puedo inferir del hecho de que de entrada lo llamo señor. El inconciente es tan hijo de puta que te traiciona hasta cuando escribís. Divino, caballero, gran lector, los nuevos escritores japoneses los conoce todos, le gusta mucho el cine, sobre todo el iraní, en resumen, divertido como cena de fin de año de la Cámara Checoslovaca del Neumático y Asociados. La cama… corta, por cierto. Yo no sé, a lo mejor como cocina (porque hace poco hizo un curso de sushi y otro de vinos) vuelca su libido en el wok de vegetales; a veces es mejor no preguntar ciertas cosas, sobre todo para no deprimirse y terminar elucubrando nuevas teorías sociológicas sobre la decadencia del espermatozoide. Y también para evitar que te expliquen, porque si te explican, te convencen, te encariñás y no te separás más. Igual, yo estaba dispuesta a darle una oportunidad. Pero, y siempre hay un pero, el tipo ronca, y encima habla en sueños. Primera vez: quedó con un amigo en ir a tomar un café. Segunda vez: se quejó porque la película era mala. Tercera vez: se puso a cantar Vox Dei. Too much. Lo desperté con todo el cariño que surgió de mis entrañas en ese momento. ¿Por qué no le vas a preguntar qué era cuando todo era todo era el principio a la Virgen de la Caramañola, mi amor? Yo no puedo hacerlo, no rezo, porque quiero evitar la tentación de echarle la culpa de todo a Dios, ¿sabés?

jueves, 26 de marzo de 2009

La Emilia 11: ¿Qué he hecho yo para merecer esto?

“Si es para verte a vos, hasta la China me queda cerca”, dijo… y me conquistó. De esta miel no comen las hormigas, pensé. Claro que cuando le pedí que me acompañara al médico me dijo que no. Y como no pienso ir a la China en la puta vida de Satanás, a éste también lo dejé. Me parece que voy a tener que replantearme qué es lo que espero de las relaciones si no… Total, que fui sola. Me atendió a las doce y media, tuve suerte porque el turno era a las diez y quince, por lo menos no salió de urgencia por ningún parto. Qué manía que tienen las minas de romper bolsa siempre que justo me toca a mí.
El doc mira la pantalla de la computadora fijamente, a mí ni bola, que me parta un rayo. Mhm mhm mhm dice siete veces seguidas… parece una vaca. Se digna a hablar:
-Bueno, andá a autorizar estas órdenes y pasá por administración a pedir cama para el miércoles que viene, ¿me entendés lo que te digo?
-No - le contesto - yo ya tengo una cama preciosa en mi casa. No le voy a andar sacando una al hospital con la escasez de recursos que tienen.
-No te hagas la graciosa, Emilia, ya lo hablamos muchas veces, es hora de que te decidas a hacer la bendita biopsia. ¿De qué tenés miedo?
De que se extinga el rinoceronte negro, boludo, pienso en contestarle pero me callo, mi ascendente en virgo me lo impide. No sé por qué me niego, si es divertidísimo. Le digo a todo que sí, que se quede tranquilo que esta vez me la voy a hacer.
-No dejes que se te venza la orden otra vez, por favor, es la cuarta que te hago.
Camino por ese laberinto perdido que ha edificado mi obra social, que es la misma de todos. Llego a la puerta que dice “Intervencionismo radiológico” como me indicaron en recepción, después de esperar cuarenta y tres minutos con cincuenta y ocho segundos y de enterarme de que la señora sentada a mi lado tiene el colon irritable. Saco número, me toca el sesenta y siete; menos mal, ya van por el doce, salgo antes de que devuelvan las manos de Perón. Yo no sé por qué hay que hacer tantos trámites, si quieren que una se duerma para ahorrarse la anestesia o si los entusiasma el acopio de papeles.
La señorita que me va a atender tiene tanta cara de buena que me dan ganas de hacerla amiga de Yiya Murano. Se le nota el sufrimiento en la sonrisa cada vez que rechaza una orden. “Va a tener que pedirle al doctor” debe de ser su frase favorita, ya que la ha dicho unas veinticinco veces; ojalá que se descomponga de golpe, la tengan que internar y no le haya hecho caso a su mamá y justamente hoy se haya puesto esa bombacha vieja, desteñida y con el elástico flojo así pasa bastante vergüenza, pendeja del orto, seguro que cuando yo llego me va a pedir algo que no tengo y no me va a quedar otra que intentar meterle esa lima de uñas en el orificio derecho de la nariz y sacársela por la oreja izquierda. La señora que me tocó tener a mi lado esta vez, que calculo debe de haber nacido en el mismo año que la mamá de Tita Merello, le dice al señor que la acompaña, de más o menos la misma edad, “¿Sabías que el calamar no tiene arterioesclerosis?”. El señor le da un beso en la frente sin soltarle la mano. Es demasiado. No puedo seguir escuchando incoherencias. Me voy y vuelvo mañana. A lo mejor, lo llamo y lo convenzo de que el hospital queda más cerca que la China.

domingo, 22 de marzo de 2009

Silencio escondido.

-Treinta años casada con tu padre, treinta años, ¿me entendés lo que es eso? Y ahora, de golpe, cuando está bien muerto y recién enterrado me doy cuenta de que nunca lo conocí… Seguramente vos tampoco pero eso es normal, uno nunca conoce a los padres en realidad, son sólo eso, padres, y nada más… y está bien que así sea.
Julieta seguía sin contestarle, sin comprender quizás todo lo que la madre le estaba diciendo con la cara y los ojos cada vez más abiertos. Lo único que se le cruzaba por la cabeza era una especie de cinta interminable con una frase que le había dicho su padre y que ella nunca había podido entender hasta ese momento, “hay que callar aunque duela”.
Las dos mujeres estaban solas en el estudio de ese hombre, de ese desconocido que había vivido con ellas tantos años.
Lo primero que les llamó la atención fue el paquete de cigarrillos sobre el escritorio, él no sólo no fumaba sino que prohibía a cualquiera hacerlo en su casa. Supusieron que alguien se lo había olvidado ahí. Tratar de explicarse los tres porros en el cajón derecho les resultó más difícil, ni que hablar de….