miércoles, 3 de abril de 2024

Diario de una Viejennial

1.-

La vida es una circunstancia por la que hay que atravesar de la mejor manera posible. Tengo más de medio siglo encima, a mí no me la van a venir a contar. Si una hace lo que tiene que hacer y punto, todo fluye. Los demás no te joden. O te joden menos. Porque siempre algún jodido te vas a encontrar. Cerrás los ojos, apretás los dientes y que pase de una buena vez. Si te entra mucha luz en la cabeza terminás con jaqueca. Si no querés saber, no preguntás. Listo. En la puerta de mi casa, por ejemplo, tengo una fuente chiquita con sapitos que escupen agua. Es horrible, me la regaló mi suegra con una tarjetita que decía “para limpiar las malas ondas de la casa” y me dijo “ponela en un lugar que se note, que me salió cara”. Y yo te pongo los sapitos en la puerta, total ni los miro, y a otra cosa mariposa, todos contentos. Hay que aprender a llenar los formularios con la palabra correspondiente. Sanseacabó. Otro ejemplo: cuando me despierto a la madrugada, los ojos como dos huevos fritos, la boca como seca, no me preocupo ni me hago rollos. Me levanto, me voy al living y me pongo una película de esas que dan a esa hora que no entiendo pero quién quiere entender algo a las cuatro de la mañana. Y espero que me venga el sueño otra vez. O saco a pasear al perro. En bata y pijama, por supuesto, no me voy a andar cambiando, quién me va a ver, a esa hora no anda nadie en la calle. Siempre pensé igual, por eso hoy me agarré de sorpresa. No sé qué me pasó.

 

2.-

Resulta que me despierto a las cuatro, me miro el capítulo tres de la temporada cinco de una serie que no conocía, termina, me miro otro, se ve que era una maratón; saco al perro, vuelvo, me cambio, desayuno y me voy al chino a hacer las compras, el que está a la vuelta, el que abre temprano. Aprovechá, me dije, a esta hora no hay nadie. Vuelvo. Me lo encuentro al José Daniel parado en el medio de la cocina, ocho de la mañana, despeinado, no se había lavado ni los dientes. “¿Todavía no me hiciste el mate?”, me dice. “¿Por qué no te vas a la puta que te parió?”, le contesto. No me la vi venir, si yo no puteo nunca. Sin gritar se lo digo. Como quien dice no sabés a quién me crucé en la esquina. Como quien pregunta, ¿dulce o amargo? Me fui a la pieza, puse tres boludeces en un bolso y me vine a un hotelito barato en el centro. Lo dejé solo en Lanús. Bah, solo no, con el perro. Y los chicos. Aunque los chicos ya vuelven poco. No sé qué me pasó. 

 

3.-

Tengo el wassap que me explota. “¿Vas a volver?”, pregunta José Daniel. No, contesto yo. “¿Vas a volver?”, pregunta Sofía, la nena. No, contesto yo. “¿Vas a volver?”, pregunta Pablo, el nene. No, contesto yo. “Volvé”, no pregunta mi suegra. No, contesto yo. Ay, Virgencita de Luján, ¿cuántas veces hay que decir algo para que lo entiendan? Carajo.

 

4.-

Para mí que esto se me venía cocinando y no me di cuenta. Lo digo porque el domingo pasado, como yo estaba media aburrida, José Daniel me invita al Easy a elegir una plantas. A mí me gustan las plantitas. Me elegí un helecho, dos cactus chiquitos y una suculenta. Quería un potus también pero él me dijo que estaba muy caro así que lo dejé donde estaba. Cuando llegamos de vuelta a casa, veo a la chusma de al lado, que nunca tiene nada que hacer, sentada en la vereda. Igual me da lástima, pobre, tiene los ojos muy abiertos y los pelos finitos, se lo deja largo para que no se le note pero no le queda bien porque le quedan pocos. Ella el otro día me contó que toma mucho complejo vitamínico pero se ve que no le hace efecto. Entramos, los chicos no estaban, ya son grandes hacen la suya, no están nunca y lo bien que hacen, y me pongo a plantar las plantitas. Tarareaba y plantaba, tarareaba y plantaba. De golpe, José Daniel me dice: “Estás contenta, ¿qué te pasa?” Tuve la impresión de que se me clavaba una espina en la nuca, entre vértebra y vértebra, pero no me hice caso. Capaz era un mosquito, vienen cada vez más grandes. “Me gustan mis plantitas,” le contesto. Ahora que lo pienso, con el diario del lunes... Será que no me ve, pero a esta altura no le voy a andar comprando una linterna al boludo.

 

5.-

No sé si voy a volver, tengo que pensar, pero me parece que me voy a tomar un tiempito. La verdad es que si vuelvo, no vuelvo, porque no sé pero algo se me cambió adentro. Y esto es muy complicado para explicárselo al José Daniel, no me va a entender, se va a preocupar y cada vez que se preocupa dice estupideces. El tema es que vive preocupado. Para qué me voy a poner a hablar si nadie quiere escuchar lo que no quiero decir. Además, mi amiga Nancy que vive sola porque nunca se casó ni tuvo hijos pobre, bah no sé si pobre, vive en Capital y me dijo que me vaya a quedar con ella todo el tiempo que quiera. Nancy tiene un emprendimiento. Teje al crochet y hace muñequitos, carpetitas, ropita para bebé, chalecos, bufandas, mantas, lo que le pidas te teje, hasta fundas para melones te hace, y tiene tantos encargos que necesita ayuda. En vez de tomar una empleada con todos los problemas que trae eso, voy yo, la ayudo, aumentamos la producción, me paga el sueldo a mí, compartimos los gastos de la casa y ganamos las dos. No, si yo a veces me hago la boluda pero pensar, pienso muchas cosas. 

 

6.-

Ya estoy instalada en lo de Nancy. Lindo el departamento. Es lo que se llama un tres ambientes con dependencias. Por ahora estoy durmiendo en un sofá en el tallercito que se armó en el dormitorio que le sobra. Pero me dijo que la semana que viene compramos una camita y mudamos el tallercito a la dependencia. “No, Nancy, no quiero ocasionarte más molestias, bastante que me recibís, yo no tengo problema en dormir con tus cositas de crochet”, le dije. “¿Con qué necesidad si tenemos el otro cuarto sin usar?”, me contestó, “Si vamos a vivir juntas quiero que estés cómoda.” Ella ya da por sentado que vamos a vivir juntas, así de buena amiga es. Si lo pienso, acá yo soy más yo que allá. A la casa estoy acostumbrada, no voy a decir que no. Pero es mucho trabajo, no se termina nunca, cuando no se rompe una cosa se rompe otra, siempre hay algo que hacer y él, como trabaja, no se encarga de nada. El plomero ya me dijo que la canilla del baño no da para más, hay que cambiarla, si es del tiempo de María Castaña, la arregla y dura dos días nomás y a la noche cuando pierde se escucha como un campanario. A José Daniel no le importa porque duerme y ronca como un tronco pero yo tengo el sueño liviano, y ya me cansé de andar a la madrugada mirando películas que no entiendo. Extraño un poco mis plantitas eso sí, pero Nancy me dijo que cuando vaya a buscar la ropa me las traiga y las ponga en el balcón; es precioso el balcón, es un 5to piso con una plaza enfrente, corre un aire hermoso. Al perro no lo extraño, ya me tenía las bolas por el piso. Hace casi una semana que me fui y la verdad que extrañar las plantas nomás es un poco poco. Me siento tonta escribiendo sobre el plomero pero quiero acordarme de todo. Será por eso que empecé este diario, para no olvidar.

 

7.-

Hace diez días que estoy en lo de Nancy. Nos llevamos muy bien. Nos conocemos de toda la vida, fuimos a la escuela juntas, éramos muy amigas. Después estuvimos muchos años sin vernos, ella se vino a vivir a la Capital, yo me casé, los chicos, la casa y todo eso y perdimos el contacto. Pero hace un par de años nos encontramos en una reunión de ex alumnos. Se habían juntado todos en un grupo por Facebook, yo no tengo Facebook pero como vivo en la misma casa desde que me casé a los 20 me fueron a buscar y me encontraron. Y con Nancy fue como si nunca nos hubiéramos dejado de ver. Ella es muy inteligente y muy bonita, siempre lo fue. En la escuela, todos los chicos estaban atrás de ella. Al José Daniel lo conoce, no del colegio porque no era compañero nuestro, del barrio. Me llama todos los días preguntándome cuándo voy a volver. Dice que ya no le quedan calzoncillos limpios. Dice que el perro me extraña. Y lo peor, que se me están secando las plantitas. ¿Tanto le cuesta tirarles un poco de agua? La semana que viene Nancy me dijo que me lleva en el auto, vamos a buscar mi ropa y de paso las traemos. Van a quedar hermosas en su balcón. Los chicos también me llaman, bah no me llaman, me mandan wassap, me preguntan si voy a volver pero no me preguntan cómo estoy. Yo los quiero a mis hijos pero salieron igual al padre así que que se arreglen. Cuando algo se termina, se termina, es al pedo tratar de resucitarlo. Ay, ¿cuándo se me terminarán estos putos calores?

 

8.-

No sé qué me pasa, desde que me fui puteo cada vez más. Y desde que estoy con Nancy peor, ella siempre fue bastante boca sucia. Cuando yo era chica, mi mamá me decía “te voy a limpiar la boca con jabón”, y por ahí yo había dicho ‘caca’ nomás. Eran otros tiempos. Yo sé que hay gente de mi edad más moderna, pero a mí me criaron a la antigua. Si hasta virgen me casé qué pelotuda. Ya estoy puteando otra vez. “¿Tu mamá vive?,” me preguntó Nancy. “Sí, ya tiene casi 90, pero está bien eh. El otro día le conté que estaba viviendo con vos, te manda saludos.” “¿La viste?” “No, no, todavía no estoy para ver a nadie, le mandé mensaje nomás, para que sepa.” “¿Y qué te dijo?” “Saludos a Nancy.” “¿Eso nomás?” “Eso nomás.” “Siempre fue medio conchuda tu mamá.” “Sí, pero viste que yo mucha bola no le daba, hacía la mía.” “¿Y tu suegra qué te dijo?” “Que vuelva, que el nene está solo y que una buena madre no deja a sus hijos.” “Pero si tus hijos tienen casi treinta años los dos.” “Sí, pero me parece que crie dos boludos, no saben hacer nada; igual mi suegra siempre fue de decir cosas feas y nunca le di bola.” “Al final, nunca le diste bola a nadie.” “No, ¿para qué te vas a enganchar? Si los escuchás a todos te vuelven loca.” “Y por eso a los cincuenta y pico metiste tres boludeces en un bolso y estás viviendo conmigo. Dale, nena.” Silencio. “Más vale tarde que nunca. ¿Cuándo querés que vayamos a buscar tus cosas?” “Cuando vos me digas, cuando tengas tiempo.” “Mañana.” “¿Ya?” “Sí.” “Y bueno, dale, y que se vaya todo a la verdadera mierda de una vez.”

 

9.-

Toda la vida me la pasé no diciendo lo que hablaba conmigo misma. Me imaginaba situaciones, por lo general horribles, las actuaba en mi cabeza y hablaba sola. A lo mejor estaba un poco loca, pero nunca se me chifló el moño del todo. Hasta ese día. Qué sé yo, siempre fui tan delicada con los demás; ni siquiera entraba a un local con la bolsa de otro negocio para no ofender al que me atendía. Hoy a la mañana fuimos a buscar mis cosas. No quise ni usar la llave, toqué timbre. José Daniel nos abrió la puerta en pijama, todo despeinado. “Ah bueno, estás como cuando te dejé, decime por favor que alguna ducha te diste, pelotudo.” No sé qué me pasa, lo veo y lo puteo. No puedo parar. Los chicos por suerte no estaban. Voy directo al cuarto y me pongo a sacar mi ropa del placard. Mientras, José Daniel, sentado en la cama, me hablaba. “Te juro que no entiendo, Gorda, ¿por qué no me explicás lo que te pasa?” “Para empezar me rompe las pelotas que me digas Gorda”. “Antes te gustaba.” “Nunca me gustó.” “Antes no puteabas.” “Para afuera, para adentro no tenés idea.” “El perro te extraña.” “Mirá, José, no digás más pavadas que tengo el campanario muy repiqueteado.” “Yo te necesito.” “No es verdad.” “Sí, es verdad y los chicos también.” “No metás a los chicos en esto, hablo con ellos todos los días y están bárbaro; es más, la nena me super apoya.” “Pendeja de mierda.” “¿Cómo?” “Nada, nada, ¿por qué no hablamos?”, me dice y se pone a llorar. Me siento al lado, le pongo la mano en el hombro. “José, querido, fueron muchos años, no voy a decir que dejé de quererte, pero ya no puedo vivir más en esta casa.” “¿Querés que nos mudemos?” “No, no es eso, lo que quiero decir es que necesito un tiempo, necesito pensar, estoy confundida, tengo que estar tranquila y quedarme en lo de Nancy me hace bien.” “Vos no me podés hacer esto, mi mamá está muy mal, ¿quién me va a cocinar?” “Mariquita Sánchez de Thompson, pelotudo”. “¿Quién?” En ese momento entra Nancy. “Ya puse todas las plantas en el auto.” “Vamos. Chau, José.” “Yo te conozco a vos, te vas a arrepentir.” “No sabés cómo me estás ayudando.” Y nos fuimos.

 

10.-

“¿Sabés qué soñé anoche? Que iba por una ruta en medio de un desierto, pero la ruta era verde, un verde manzana fuerte, yo iba en el asiento de atrás de un auto tapizado de rojo, un auto antiguo, tipo un Ford A, y no sabía quién estaba manejando, le veía la nuca nomás, sabía que era un hombre y que estaba muerto, mirá qué loco, el chofer del auto estaba muerto.” “Ese era José Daniel” “Ay, no, Nancy, no digas esas cosas; es medio pelotudo pero tampoco voy a andar queriendo que se muera. Pará que te sigo contando; me desperté, me volví a dormir y otra vez. Ahora iba caminando por una calle pero como afuera de mí; o sea, yo no movía un músculo y había alguien que caminaba y era yo pero no era yo, era como si yo me mirara a mí misma caminar. Ah, y en la esquina de esa calle había una casa llena de agua. Qué raros que son los sueños, ¿no?” “Vos tendrías que hacer terapia, nena.” “No, ¿para qué? ¿Para que me arruinen los sueños? Yo así los sueño y después me olvido y a otra cosa mariposa.”

 

11.-

Desde que estoy viviendo con Nancy se me ha dado por pensar. Me siento en el balcón después de regar mis plantitas y pienso mirando la plaza. Hoy a la tarde, por ejemplo, se me vino así de la nada a la cabeza la palabra nacimiento. Una puede pensar en el nacimiento de muchas cosas pero yo soy mujer y pienso en lo que te sale del vientre, en lo que sale de un huevo, a mí de los huevos me salen muchas cosas últimamente. Desde que estoy viviendo con Nancy me he puesto un poco guaranga también. Es un momento tan tremendo, todo puede salir bien, todo puede salir mal; tanta sangre, las mujeres podemos hacer eso, sangrar y seguir viviendo. Es como meterte en uno de esos laberintos que se ven en las películas de terror, la diferencia es que no querés salir, te querés quedar perdida ahí adentro un rato largo. Pero salís, como tantas otras veces, lo mirás por primera vez y estás tan contenta y tenés tanto miedo, el cuerpo hecho un enjambre de avispas tenés. Me acuerdo que veía tanta luz que me encandilé, que llegué a casa y lo único que quería era estar con ella arriba mío y que cerraran las cortinas. Es que la panza se extraña también. De golpe me dan ganas de llorar, y lloro. Hoy almorcé con la nena, vino a visitarme. Hablamos mucho. “Si vos estás bien, está todo bien, ma”, me dijo. Qué pedazo de mujer que me salió de la panza.

 

12.-

Antes, cuando yo era chica, te decían que Dios estaba arriba en el cielo y veía todo, entonces te portabas bien porque Dios te estaba mirando. Bastante boludos éramos la verdad. Ahora el que te mira es Gúgel. Siempre hay una camarita chismosa en algún lado, espiándote, diciéndote “ojo, portate bien, no te metas el dedo en la nariz”, y una está sola en el ascensor y ni rascarse el culo tranquila puede. Ni hablar de los teléfonos, que son re útiles pero cómo rompen las bolas. O, mejor dicho, cómo rompe las bolas la gente. O, mejor dicho, cómo rompe las bolas José Daniel. Todos los días me manda un mensajito y, cuando no le contesto, me dice “dale, gorda, contestame que veo que estás conectada”. “Dejá de controlarme, José! Y dejá de decirme Gorda!” “Es que te extraño, era fácil vivir con vos”. Yo no sé si siempre fue tan boludo y yo no me daba cuenta o si se puso peor desde que me fui. 

 

13.-

Yo no voy nunca al cementerio, siempre me pareció medio al pedo. Los muertos, muertos están, qué sé yo. Qué va a solucionar una caminando entre lápidas, tumbas y casitas llenas de huesos. Si quiero decirle algo a alguno de mis muertitos se lo digo en mi casa y listo. Pero el otro día, no sé, es como que necesité ir a llevarle unas florcitas al viejo, como que le tenía que explicar. Me levanté temprano, me tomé unos mates y salí antes de que Nancy se levantara. Ella me había dicho que si quería me acompañaba pero yo le contesté que mejor se quedara, que estábamos atrasadas con unos pedidos. La verdad era que prefería ir sola. Fui, le conté y salí más tranquila. Bueno tampoco es que antes estaba nerviosa. Sé que donde quiera que esté me entendió. Ahora sí. Es como que me dio fuerzas. Salí del cementerio y le escribí a Nancy. “Capaz que llego un rato más tarde. No sé si llego a entregarle el pedido a la clienta al mediodía. ¿Le joderá si voy a eso de las cuatro?” “No, nena, qué le va a joder, y si no puede se lo llevás mañana, qué problema hay.” Enseguida escribo otro mensaje. “Hola, ma, ¿estás en tu casa? Si estás te voy a visitar.” “Estoy”, me contesta. Y bueno, algún día me tenía que enfrentar.

 

14.-

Yo una vez escuché que el Papa dijo que había que ‘amar a tus enemigos’. Que me disculpe su santidad pero eso me parece una pelotudez que suena bien. Yo creo que es mucho más importante que todos amen a sus amigos, familia, parientes, vecinos, conocidos, qué sé yo. El mundo sería mejor si todos tratáramos de de verdad amar a los que tenemos cerca. Hasta me parece más difícil. El esfuerzo que una tiene que hacer a veces para seguir amando a su marido, a su suegra, a su cuñada o hasta a sus propios hijos. Además, dejémonos de joder, ¿cuántos enemigos podés tener? A ver si nos vamos a creer tan importantes.

 Después del cementerio la fui a visitar a mi mamá. “Hola, ma, ¿cómo estás?” “Acá ando, respirando.” Mamá siempre fue la alegría de vivir. Después de contarme que le duele la cadera, que se le rompió la mochila del baño y arreglarla le salió un dineral, que la tía Pocha hace mucho que no la llama, me dice, “Pero no te quiero seguir dando la lata, contame vos, hija, ¿qué pasó? ¿Querés un mate? Yo no puedo creer que José Daniel, que siempre fue tan bueno te haya pedido que te vayas, ¿vos le hiciste algo? Comete un bizcochito. Estás más flaca vos.” “Me fui porque quise, mamá, no porque me lo haya pedido.” “Ah, ¿no te echó él?” “No, mamá, ¿cómo me va a echar?” “Y yo qué sé, pasan tantas cosas raras ahora; y entonces, ¿por qué te fuiste?” “La verdad es que es difícil de explicar.” “Ah, entonces vas a volver, me quedo más tranquila. Yo más de una vez quise dejar a tu padre, pero lo pensé dos veces, eso te faltó a vos, pensar un poco y tranquilizarte.” A lo mejor es que empecé a pensar un poco, no le contesté. Le devolví el mate. “Gracias, ma, me voy a tener que ir yendo.” “¿No te quedás a comer?” “No, no puedo, ahora tengo que ir a entregar un pedido, otro día seguro.” A seguro lo llevaron preso, decía mi papá.

 

15.-

“Pero, decime, ¿yo no te traté siempre bien?” “Sí, José, no es eso.” “No es eso, ¿y entonces qué es?” “Basta, José, ya te dije mil veces que no lo puedo explicar, que necesito estar sola.” “No lo puedo explicar, no lo puedo explicar, necesito estar sola. Yo necesito una explicación.” “Tenés olor a papel de diario.” “¿A papel de diario? Si yo no leo el diario.” “Ay, qué difícil que es hablar con un eco.” “Un eco, no te entiendo.” “No importa.” “Con todo lo que hice por vos, la casa que te compré, todo lo que…” “¿Qué ‘me’ compraste a mí? ¿Vos no vivís ahí?” “Bueno, es una manera de decir.” “Nunca es una manera de decir, detrás de esa manera de decir está todo lo que de verdad queremos decir y no nos animamos, por miedo, por cortesía, por amabilidad, por cobardía, por seguir, por eso no decimos y tenemos maneras de decir.” “Desde que vivís con Nancy vos decís cosas raras, mirá que mi paciencia tiene un límite, un día te voy a dejar de llamar, o por ahí cuando quieras volver yo no voy a estar.” “Y lo bien que hacés.” “No te voy a estar esperando toda la vida.” “Bueno.” “¿Eso es todo lo que tenés para decirme? ¿Bueno?” “Sí.” Y por primera vez en mi vida, corté. Nunca le había cortado el teléfono a nadie. Y me sentí tan bien.


16.-

“Nancy, disculpá que te pregunte, si no querés no me contestes, pero no me dan las cuentas. Está bien que tenés unas cuántas clientas y vendemos bastante, pero me das casi la mitad a mí, ¿cómo es esto?” “Primero, no te doy, te lo ganás.” “Bueno, está bien, lo que pasa es que como yo nunca trabajé no estoy acostumbrada a hablar de sueldo.” “¿Cómo que nunca trabajaste?” “Y, no, siempre estuve en la casa.” “¿Quién cocinaba? ¿Quién limpiaba la casa? ¿Quién hacía las compras? ¿Quién llevaba a los pibes al colegio, al pediatra, a la escuelita de fútbol, a danza, a la mar en coche etc. etc. etc.? Mil trabajos tuviste, nena.” “Está bien, tenés razón, pero no me cambies de tema. Nosotras éramos muy amigas y un día no supe más nada de vos, despareciste del barrio. Al principio tenía noticias por tu mamá, pero después tu mamá se murió y no supe más nada.” Y ahí me contó. Que estudió, que se recibió, que tuvo un trabajo, que ganó mucha plata y que un día se cansó, se quemó y mandó todo a la mierda y se dedicó a tejer al crochet. “Como vos.” “¿Y hace mucho de esto?” “Seis meses más o menos.” “Qué coincidencia.” “Alucinante.” Nos abrimos un vino, nos sentamos en el balcón y brindamos por el comienzo de nuevas etapas. Teníamos casi treinta años para contarnos. Nos acostamos muy tarde.

 

17.-

Estaba un poco nerviosa, no lo voy a negar. Todavía no lo había visto. Antes de que llegara, anduve dando vueltas por el departamento como una loca, limpié todo, le cociné el pollo a la sal con batatas al horno que le gusta. Repasé todos los muebles. Fui al chino a comprar una cerveza por si quería y apenas entré volví a ir porque quería tener una gaseosa por las dudas y me había olvidado. “¡Postre! ¡No tengo postre! ¡No tenemos nada dulce, Nancy! ¡Y ya no tengo tiempo de hacer nada!” “Pedí helado.” “Ya pedí pero quería tener algo más; a él le gusta el queso y dulce, voy al chino a comprar dulce de batata con chocolate.” “Estás insoportable, terminala.” “Es que es el nene.” “Y la nena, vienen los dos.” “Tenés razón, tenés razón, pero el nene…” “El nene tiene 24 años, las bolas con pelos tiene.” “Ay, Nancy. ¿Me tenés que hablar de las bolas del nene?” “Es que no te aguanto más, si seguís así me voy a la mierda.” “No, no, no te vayas, quedate a comer con nosotros que te necesito de apoyo.” “Entonces no me rompas más los huevos.” “Cómo estamos con los genitales masculinos, eh.” “Basta.” “Ok.” Timbre. Ay, Dios. Nancy baja a abrirles. Entran. Pablito me abraza. “La verdad no sé cómo hiciste para aguantarlo tanto tiempo. Es re bueno, pero cómo rompe las pelotas”, me dice. Y lloré. Y me di cuenta de que era la primera vez que lloraba desde que me fui. Y fue un alivio. Como mirar el mar por la ventana.

 

18.-

“hola, te llamo, bah, te dejo este mensaje para avisarte que mañana voy a tu casa… ya sé que no vivís más ahí pero sigue siendo tu casa, y me parece que hasta que vos vuelvas lo voy a cuidar un poco al José Daniel, pobre hombre, si a vos no te molesta por supuesto para nada me quiero meter en tus cosas pero cada tanto me voy a dar una vuelta para ver si necesita algo… mañana le voy a llevar unas milanesas para que tenga en el freezer, algo tiene que comer pobre hombre… siempre te quiso mucho, bah no sé si tanto vos sabrás pero ha sido muy amable y gentil como yerno siempre fue muy bueno y nunca te mintió, no como tu padre, que descanse en paz si puede; bah tu padre tampoco era mentiroso, era un poco económico con la verdad nada más… de paso le charlo un poco si a vos no te molesta por supuesto… no te digo que te riego las plantas porque ya me dijo que te las llevaste estarán lindas supongo… viste que yo de chiquita era de las Hijas de María, iba a la iglesia y le pasaba el plumero a los ángeles, se ve que de esa época que me gusta ayudar al prójimo y José Daniel más que prójimo es familia y a la familia no se la abandona.. qué sé yo por lo menos, eso es lo que me parece a mí… bueno, vos cualquier cosa me decís… te dejo un besito.” Este es el audio que me dejó mi madre. Ni aunque lo ponga en velocidad x3 se me hace más liviano.

 

19.-

“Vos te tenés que sacar un Tinder.” “¿Un qué?” “Un Tinder, nena, para enganchar un chongo.” “Dejate de joder, Nancy, a mi altura.” “¿A tu altura qué?” “Ya estoy grande.” “¿Y?” “¿Cómo y? Ya fue.” “Ah, no, no, no, querida, decime, ¿cuánto hace que no cogés?” “Eso qué tiene que ver.” “Mucho tiene que ver, ¿cuánto?” “Un montón.” “¿Un montón cuánto? Porque ya va a hacer como dos meses que estás acá y venías mal con José de antes, ¿cuánto? ¿seis meses? Es un montón.” “Ya ni me acuerdo.” “¿No te acordás cuándo fue la última vez que cogiste con José Daniel?” “No.” “Ah, pero entonces hace un montón.” “Y qué te estoy diciendo.” “¿Y por qué?” “Qué sé yo, para empezar nunca me gustó demasiado, la casa, la rutina, los años, me aburría, no tenía ganas y aparte me dolía, y un día José Daniel dejó de insistirme.” “Son todas cosas distintas. A mí me parece por lo que decís que, para empezar, José cogía para el orto. Después, lo de las ganas y el dolor puede ser por la edad.” “Qué te dije, estoy grande.” “Hay muchas cosas que se pueden hacer al respecto, nena, hay cremitas, ovulitos… y conseguir el chongo adecuado, obvio.” “Yo así estoy bien, estoy tranquila, no estoy para empezar otra relación.” “¿Quién habló de otra relación? Estamos hablando de sexo, nada más.” “No, no, yo no puedo, así no puedo. Eso es una ruleta y yo las pocas veces que fui al casino perdí.” “Mirá, vamos a ir de a poco; primero, ¿cuánto hace que no vas al ginecólogo?” “Un montón.” “Tus ‘un montón’ me asustan. Vamos a sacar turno con la mía, que es una genia y te explica todo de maravillas. Es un tema de salud, querida.” “Si vos lo decís.” “Sí, lo digo. Y vamos a hacer otra cosa, vamos a renovar tu vestuario.” “¿Qué tiene de mal mi ropa?” “Nada, pero me hacés acordar a mi tía Chola.” “Sos mala, eh.” “Te quiero.” “Yo también.” “¿Mañana vamos a comprarnos ropa?” “Bueno.” “Y de paso unas cremitas, como para empezar.” “Sí, dale, tengo la piel de la cara muy seca.” “Sí, para la cara también.”

 

20.-

Hoy sólo compras, carnicería, pescado, super chino, chucherías, un felpudo, lana, hilos, encontré gente que te trata bien, gente que te trata mal, gente que te trata indiferente, gente que hace chistes desubicados y una que sonríe como le enseñaron, no vaya a ser cosa que piensen que una es una amargada, vuelvo a casa, Nancy salió, tengo la intrascendente y vacía llamada telefónica diaria, como no tengo ganas de cocinar me como dos huevos pasados por agua parada al lado de la mesada de la cocina. Y pienso. Qué sé yo, a veces se me va la olla y siento el paso del tiempo a cada instante. A veces, me gustaría vivir 150 años y a veces me moriría mañana. A veces, me duelen los huesos. A veces, el tiempo es ciego. Ya me fui. Ya se cayó todo. O lo que yo creía que era todo. O lo tiré. No me arrepiento. Estoy aprendiendo. Tengo miedo. Tengo miedo al miedo. Pero no voy a parar. Me parece que ya no voy a seguir con este diario. Lo empecé para no olvidar. Lo termino, por ahora, para seguir.

 

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