domingo, 21 de junio de 2009

La Emilia 18: Tristeza nao tem fin.

Por favor, a todos los que me conocen, les digo que, si no quieren despertar una especie de tsunami verbal en mí, traten en lo posible de evitar pronunciar las siguientes frases en mi presencia:

*Justo ayer estaba haciendo zapping y de casualidad vi… (llénense los puntos suspensivos con el nombre de un programa de TV pedorro)

*Mi mayor defecto es que soy muy sincera (Y el mío que tengo las tetas de la Cucinotta)

*Para salir, hay que tocar fondo de verdad. (¿Qué fondo, la puta madre? ¿No alcanza con abrir la puerta?)

*Yo conocí el infierno de las drogas y me pude salvar. (Disculpame, pero usar la frase “el infierno de las drogas” es prueba suficiente de que no te salvaste)

*¡Qué casualidad que me llamaste! Justo estaba pensando en vos. (Y yo estaba pensando en hacer una donación a la Madre Teresa de Calcuta)

*Te lo cuento a vos pero, ¡por favor! Que no salga de acá. (Ja – Ja – Ja)

*Hay que disfrutar el aquí y el ahora. (Chau entonces, negrito, me voy a disfrutar de la vida en vez de escuchar las boludeces que decís)

*Si la empresa crece, crecemos todos. (Andá a la reputamadrequeteparió)

*Llevátelo, te queda divino. (Andá a la reputamadrequeteparió 2)

*No sos vos, soy yo.

martes, 16 de junio de 2009

La Emilia 17: ¿Quién acompaña tu marchaaaaaa?

Yo no soy creyente, pero cuando me dicen que dios me va a castigar, a veces, me asusto. Por eso, cuando llego a casa después de ver a mi madre, me pongo la ropa que me regaló y escucho los cds que me compró. Siempre. Esta vez, debo reconocer que me entusiasmaba la idea de volver a escuchar algunas canciones que formaron parte de mi más tierna infancia, diría el Doctor Socolinsky. Supuse, equivocadamente, lo que es habitual en mí por cierto, que me emocionaría, que me reíría, que me provocaría ternura, que me ….. No. Por poco ni me las acordaba las canciones, así que dejé la música de fondo mientras me cocinaba algo… No debemos de pensar que ahora es diferente, mil momentos como éste quedan en mi mente Empieza la canción y yo empiezo a recordar… No se piensa en el verano cuando cae la nieve… ¡Qué metáfora, lo parió! Deja que pase el momento y volveremos a querernos… ¡Error! Never se vuelve, querido... Tú, aire que respiro en aquel paisaje donde vivo yo…. Escucho esta última frase y no puedo dejar de pensar en la tía Herminia que está totalmente convencida de que todos los músicos y/o artistas de cualquier tipo y factor se drogan, a lo mejor tiene razón. Callada, aguardo tu llamada, espero en celo tu llegada, me abrazo fuerte a la almohada, me embriago de su perfume que huele a nuestras noches de amor. La verdad es que hay que ser muy pero muy inteligente para decir que estás caliente y te hacés una pajota sin que nadie se ofenda. Aplausos. Callada, (canta él, Camilo, obviamente), perdonas con ternura, todas mis locuras, y aunque sé que nada ignoras, y que por mis errores lloras, no soy capaz de cambiar. ¡Qué hijo de puta!, sonrío y, sin querer, grito: ¡master of the universe!… Ella: Y a pesar de todo, y a pesar de todo, te sigo queriendo. ¡Qué boluuuuudaaaaaaaaaa!!!! Él: Por tu timidez, por tu sencillez, por tu alma blanca. ¿Qué soy una palomita yo? ¿No entendés que te acabo de decir que estoy en celo? Ella: Por tu buen amor, por tu gran valor... Los dos: Porque sé que nunca me darás la espalda... Repitum ad infinitud… Cuando me di cuenta de que estaba cantando a viva voz, la cuchara de madera como micrófono, que la salsa de tomate de mierda que me estaba haciendo ya se me había quemado y que me había manchado la remera de leopardo que me había comprado mi mamá, decidí llamar a Verónica, antes que ponerme a llorar.

martes, 9 de junio de 2009

La Emilia 16: Parte de la religión.

Mi mamá es de esas mujeres que se compran una blusa aunque le quede grande y le chingue por el solo hecho de que está en oferta. Después, como no sabe qué hacer con el adefesio, me la regala a mí. ¿Y yo qué hago? Me la pongo, por supuesto, y le agradezco. ¿Por qué? Ya todos sabemos por qué, para qué nos vamos a poner reiterativas. A veces, la cosa no termina con la ropa. El otro día, por ejemplo, me esperaba con un par de cds, uno de Franco Simone, y otro de Ángela Carrasco y Camilo Sesto, sólo faltaba el Dúo Candela preguntándome a los gritos ¿Quién extenderá mi cama? Antes de dármelos, por supuesto, no pudo dejar de alabar a la hija de su amiga. Es tan buena, la viene a ver todos los días a la madre. La hija de la amiga de mi mamá es simplemente beige y debe de tener como objetivo en la vida graduarse de telemarketer. Mi mamá lo sabe pero, como practica ese tipo de crueldad que nace de la necesidad (de la necesidad de romperme las pelotas a mí de por vida), no puede dejar de nombrarla y elogiarla cada vez que se le presenta la oportunidad (que son muchas, muchas más de las necesarias). Es tan buena, repite. Una madre que se precie de tal siempre sabe qué botón apretar y una hija a la altura de las circunstancias nunca deja de saltar ante el estímulo. ¿Por qué es buena, mamá? ¿Porque no mató a nadie? Ahí está, ya tenías que repetir la típica frase de tu padre. A papá dejalo en paz, por favor. Tu padre hace rato que duerme en paz…. Decime, nena, ¿vos te alimentás bien? ¿Cómes milanesas de soja? Porque el otro día leí en una revista que hacen re bien. Ok. Es así, mi mamá no usa palabras, usa garrotes. Mejor me voy a casa a escuchar Los grandes éxitos del amor.