miércoles, 30 de junio de 2010

La Emilia 64: Ojos bien abiertos (demasiado, tal vez)

“Contame”. “¿Qué querés que te cuente, Vero?” “Todo.” “Ok. Fernardo-38-arquitecto-separado-sin hijos.” “No me jodas, Emilia.” “Nos llevamos bárbaro, hasta ahora, toco madera sin patas decía mi abuela.” “¿Qué más?” “Qué pesada que estás. No me voy a convertir en una de esas que de lo único que hablan es del noviecito”. “¿De lo único que hablan? ¿Qué decís? Si vos no hablás, querida. Mejor dicho, no contás, porque hablar hablás, no sé si te habrás dado cuenta de que lo llamaste noviecito”. “Uffff, ok, nos vemos casi todos los días, nos gustan más o menos las mismas cosas y coge de ma-ra-vi-llas”. “Estás contenta.” “Y sí…” “¿Ves que no es tan difícil?” “¿Estuviste leyendo a Bucay?” “Qué boluda que sos. Che, ¿y habla de la ex?” “Por lo menos por ahora no”. “¿Cuánto hace que se separó?” “Cuatro meses.” “Mmmmmmm, Houston….” “Pero no, nena, ya sé que la primera después de la separación no llega a ningún lado pero tampoco estoy tan enganchada.” “¿Y adónde querés llegar vos?” “A fin de mes si es posible, Vero, ya voy a terapia, no me rompas las pelotas.”

“Bueno tampoco me vengas con el verso de la superada, Emilia, yo sé cuando un tipo te pica”. “La concha me pica, Verónica, lo conocí hace unos días, tampoco me voy a andar preocupando por el colegio al que vamos a mandar a los chicos.” “Ah, bueeeeeno, ya nos salteamos noviazgo, convivencia, posible casamiento y hasta tener hijos, sólo nos planteamos no preocuparnos por dónde los vamos a mandar a estudiar.” “¿No te querés asociar con Iturralde, la puta madre carajo?” “No, lo que quiero es que reconozcas…” “¿Qué querés que reconozca? ¿Qué me gusta? Sí, me gusta. ¿Qué tengo miedo? Sí, ya sé que tengo miedo, con mi historial, cómo para no tenerlo, si soy como kriptonita para los tipos. Ahora, además de saberlo, ¿lo tengo que decir? ¿Es necesario ser tan explícita? ¿Hasta con vos?”. Nos miramos, nada más. “¿Quéres que ponga la pava para unos mates?”, me dijo. “Sí, amargos por favor, no le pongas ese chuquer de mierda que le ponés al agua”. “Ok”. Peeeeero, que fenómeno, decía Pepe Biondi.

lunes, 28 de junio de 2010

La Emilia 63: ¡Waka! ¿Waka?

Muchas cosas en la cabeza. Demasiadas. Que Vero, que Fernando, que mi vieja (que ya lo quiere conocer obvio), que Luisiana, su prole y sus exóticas invitaciones, que la vida. Algo de rock, otro poco de tango, algún porro y bastante sexo. No me puedo quejar. A todo esto, sumale a Iturralde que no puede parar olé olé olé.
Pero hoy debo dejar todo esto de lado porque abro el diario y me encuentro con lo siguiente:
Fue el partido más flojo del equipo.

Una alegría con poquito.

Largos festejos aunque el equipo no jugó bien.

…nunca queda claro quién juega de enganche y quién de punta…

Entonces el equipo no tiene juego.

…falta de salida por los laterales. Ausencia de un circuito de juego y lentitud para arrancar.

Llamó la atención la combinación del pantalón y las medias azules con la camiseta celeste y blanca. ¿Y el buen gusto?

Conclusión, ganamos jugando para el culo, haciendo goles de orto, poniéndonos contentos como buenos boludos alegres, aunque no sepamos por dónde salir ni por dónde entrar y Manuelita al lado nuestro sea récord olímpico. Ah, y el asesor de vestuario es un sobrino nieto daltónico de Ante Garmaz. Pero por qué no van todos a prenderle una vela a San Pete, para ir preparandosé y se dejan de romper las pelotas. Porque vamos, que una cosa es ser escéptico y otra muy distinta mala leche…. Pensándolo bien, ¿desde cuándo me calienta tanto el fútbol a mí, me pregunto yo?... Iturraldeeeeeeeeeeee… Peligro de goooooooooool……………..

lunes, 21 de junio de 2010

La Emilia 62: A tocar la vuvuzela...

Domingo, nueve de la mañana. Me había acostado a las cinco. Llama Mami. “¿Me venís a buscar, no?” “¿Para qué, mamá?” “¿Cómo para qué? Para ir a visitar a tu padre.” Mami y sus metáforas. “Mamá, ya sabés que no voy nunca a los cementerios, salvo de excursión.” “No me voy a poner a discutir ahora con vos. ¿Venís o no?” “No.” “Con todo lo que hizo tu padre por vos.” Y me cortó. O le corté yo, no me acuerdo, estaba muy dormida. A mí esos lugares ni me fu ni me fa, como decía el abuelo de mi primo. Es que yo no tengo esa necesidad de ir a tocar un pedazo de piedra para satisfacer mi conciencia. Lo que hiciste, hecho está. Y lo que no hiciste, también. Ahora, el pimpollito de clavel te lo podés meter en el orto si antes lo trataste para el ídem. Y si vas todos los domingos podés llegar a tener un almácigo, imaginate. Y si no, a asumirlo con dignidad, total el muertito no se va a enojar. Sí, sí, ya sé que no siempre es así. Que hay gente coherente y lo hace por otros motivos. Y sí, sí, ya sé que si de verdad me diera lo mismo iría sin ningún problema. No al pedo estoy haciendo como que hago terapia. Por lo que sea, no voy a hablar más del tema hoy. Todo esto venía a cuento porque me había acostado muy tarde porque había salido a la noche con un chico que conocí el otro día. Me llevé una sorpresa, en realidad, pensaba que me iba a encontrar con alguien, cómo decirlo, intrascendente, inocuo. El típico progre Bensimon bah: a favor de la legalización de la marihuana, del matrimonio gay, ecológico, amante de Woody Allen, de esos que en su muro de Facebook escriben Viva Mayo del 68 al pie de su foto en la torre Eiffel. Cuando bajé, me esperaba con una rosa en la mano. Cagamos, pensé. “¿Sos socialista?”, le pregunté. Sonrió, nada más, y la tiró al medio de la calle. “¿Dónde vamos?”, me dijo. “Vos sos el que me invita y yo tengo que elegir el lugar, empezamos bien.” No aprendo más, convengamos en que antes de salir con un muchacho la próxima vez me tendría que tomar algo que me paralice la lengua. Fuimos a un lindo lugar al final. Total, que tomamos bastante vino, nos reímos mucho, hablamos de todo un poco y coincidimos en unas cuántas cosas. Qué más. Por supuesto, después de tamaño qué más, lo invité a subir y obviamente aceptó. Cuando llegó el momento oportuno me di cuenta de que no tenía forros en casa. No voy a repetir todos los improperios que se me ocurrieron en ese momento, ni yo lo resistiría. Después de decidir que no valía la pena romperme la cabeza contra el bidet, salgo del baño y se lo cuento. Y el pibe, con una tranquilidad pasmosa, me dice, “¿Y para qué me invitaste a subir si no tenías?” “¿Y para que subiste vos si tampoco tenías? ¿Qué te pensabas, que te invitaba para jugar al chinchón, boludo? ¿Por qué no trajiste vos, idiota?”.

Para dar primeras impresiones de intimidad inolvidables soy una maestra. Contra todos los pronósticos, el gentleman larga la carcajada. “Dale, vamos a Farmacity así elegís vos la variedad que más te guste”, y extiende la mano. Se ganó un porotito. “¿Cómo se llama el señor?” “Fernando.” “Fernando, qué interesante.” “¿Por qué?” “Otra F en su vida, Emilia.” “Sí, Iturralde, y una tercera fuck you.” En cualquier momento no vengo más, me tiene reprodida este tipo.

jueves, 17 de junio de 2010

Asquito.

Este blog es básicamente de literatura. Cuentos, microrelatos, citas, La Emilia, algún que otro poema, algún que otro collage cuando me quiero hacer la artista. Pero hoy, pido disculpas, tengo ganas de escribir sobre otra cosa. Ya me levanté temprano, ya festejé, sufrí y volví a festejar. Ya el corazón se desaceleró y, entonces, puedo volver a pensar en algo que me ronda la cabeza desde hace un par de días. Yo sé, y todos sabemos, que nada humano nos es ajeno y, sin embargo, hay actitudes, posiciones, frases, que siguen dejándote sin palabras. ¿Cómo puede ser que un periodista escriba: “Carlotto promociona candidatura al Nobel y baila el tango en Sudáfrica”? ¿Cómo es posible tamaña falta de respeto? ¿Dónde se perdieron? ¿Cuándo se volvieron tan necios? En realidad, necios no es la palabra correcta. Creo que corresponde llamarlos directamente hijos de puta. Hay un límite. Con Las Abuelas no, muchachos.
Y nosotros, a veces, de tan apurados que andamos, no nos damos cuenta de lo que nos dicen, lo pasamos por alto. Yo no sé si a alguno de ustedes le habrá pasado lo mismo, yo me acuerdo de la primera vez que fui a una gran museo, como el Metropolitan o el Moma y cómo me quedé fácilmente veinte minutos delante del primer Picasso que tuve la oportunidad de ver. Después, una pasa al segundo y ya se queda menos minutos. Y menos en el tercero. Y mucho menos en el cuarto. Hasta que pasás delante de, por ejemplo, un Renoir, y casi ni lo mirás. Es como si el espíritu tuviera un límite para absorber tanta belleza. Se me antoja que pasa lo mismo con el horror. De tanto oír hablar del tema, nos confundimos, no escuchamos. Que si las usan, que si es sólo una lucha con un monopolio, que si tantas cosas. Con Las Abuelas no, muchachos.
A ver si enfocamos, en este bendito país, hubo un tiempo que no fue precisamente hermoso y en el que SE AFANARON PIBES. No nos podemos olvidar de la infinita inmensidad terrorífica que significa que haya habido personas que les robaron esos pibes a las madres que antes habían torturado, matado, tirado al río. No existe perversión mayor. Y también en este bendito país, hay un grupo de mujeres que nunca bajó los brazos y que siguen buscando a esos pibes. Nadie tiene derecho a ningunearlas. Y que alguien, si puede, me explique qué carajo tiene eso que ver con derechas o izquierdas o con estar a favor o en contra de un gobierno.

Con Las Abuelas no, muchachos.
Con los pibes no.

Y vamos Diego todavía.

miércoles, 16 de junio de 2010

La Emilia 61: De pelotas, pelotudos y otras yerbas.

Sandra, la amiga del secundario con la que poco tengo en común pero cada tanto me encuentro, lo logró. Se juntó con el novio, el de los parientes de España. Y, en un ataque de filantropía feroz, quiere convertir a su nueva religión a todas sus amigas para que tengamos la misma experiencia y seamos tan felices como ella. O le va para el culo y de puro hija de puta quiere compartir su desgracia, no sé, no lo tengo bien definido todavía. Qué cosa la gente que piensa que porque algo les hace bien a ellos, indefectiblemente le tiene que hacer bien a todo el mundo. Son unos rompe pelotas. Como los deportistas, que quieren convencerte a toda costa que salir a correr por el parque a las ocho de la mañana pateando escarcha a mediados de julio es lo mejor que te puede pasar en la vida, que te va a ayudar con la salud y otras pelotudeces por el estilo. Si yo no les ando preguntando “¿Leíste Humano, demasiado humano? ¿No? Ah, no sabés lo que te perdés, lo bien que te haría, te lo recomiendo”. Por qué no me dejan de joder, me pregunto yo, pesados del orto con el deporte, que se vayan corriendo hasta Alaska si quieren pero que me dejen a mí tranquila. Bueno pero, para variar, me fui de tema. Volviendo a Sandra, es tan generosa que me invitó a su casa para comer un asado porque se juntaban varios amigos del novio, marido, pareja, tutor o encargado no sé cómo llamarlo al ñato. Y yo, siempre abierta a nuevas experiencias, dije que sí. Tendría que cerrarme un poco la verdad. Sobre todo tendría que cerrar la boca más seguido y, de paso, el ojete para no mandarme tantas cagadas. (Qué boquita, Emilita, diría Mami) Total que cruzar el umbral, escuchar la palabra marcador de punta y putearme en arameo por no haberme dado cuenta fue un solo acto. Mundial, ese momento cada cuatro años en que hasta aquel tipo al que en el picado de la plaza le dan una camiseta sin número porque es tan tronco que no saben en qué puesto ponerlo opina como si fuera Licenciado en Pelota Parada. Éramos siete: mi amiga Sandra (que a menos de un año de convivencia ya acepta como natural que el señor le regale una yoghurtera para el cumpleaños, va mal), el novio (un chico al que Mami calificaría como exitoso sin tener en cuenta que las palabras exitoso e idiota son perfectamente compatibles), tres amigos solteros, separados, viudos o lo que fuere (mucha ropa Bensimon en general), otro amigo con su respectiva esposa (él con cara de complicado crónico; ella con cara de que su mayor preocupación es si se tiñe o se hace las transparencias) y yo. Comimos de manera informalmente moderna alrededor de la moderna barra de la moderna parrilla que tienen en su moderna casa. Por supuesto que el tema era uno solo. Y, como era de esperar también, las mujeres nos vimos envueltas por un manto de invisibilidad que los llevó a, por ejemplo, rascarse los huevos en nuestra presencia sin ningún problema. Esa va a ser tema para otro día… voy a tratar de ser delicada y usar las palabras que toda dama debería usar para hacer la siguiente pregunta: ¿por qué los tipos no se pueden dejar el ganso tranquilo? ¿Les pica? ¿Les molesta el apéndice? ¿Qué carajo les pasa?

Bueno, volviendo, no hay mucho para rescatar de la conversación. La cena transcurrió entre rascaditas varias, sacadas de mocos, algún que otro provechito (no hay peor tipo que el disimulado, ese en el que el hombre infla sus cachetes, cierra la boca, se lo traga, hace como si no hubiera pasado nada y sigue hablando), medio campo, marcadores, volantes, paredes, carrileros, gente que pega de tres dedos o de chanfle. Que 4-3-3-, que 3-3-4, que dos por tres llueve. La esposa del complicado osó meter un bocadillo y decir que su equipo favorito era Camerún. “Que una vez ganen los negritos, pobres”, dijo. Prefiero no analizar esa frase en el día de la fecha. Todos miraron al complicado con una compasión conmovedora. Yo casi casi salto, por empatía de género nada más, pero ella al toque agregó: “Burumbumbúm burumbumbúm yo soy el hincha de Camerún”, y me callé la boca. Después de cenar, se sentaron a ver la repetición del partido y volvieron a llevarse las manos a la cabeza como si no supieran ya que la pelota no había entrado. “Cuatro contra dos, no podés errarte ese gol, papá” fue lo último que escuché. Me fui. Para poder salir, hay que saber entrar, dijo alguien una vez, ¿o era al revés?

viernes, 11 de junio de 2010

La Emilia 60: Siempre es todo sobre ella.

Éramos pocos y la abuela resucitó y parió quintillizos. Mami es de esas personas que agarran cuanta propaganda le dan por la calle o folleto que encuentra por ahí. Sea de lo que sea. Así es como en la casa tiene promociones para cruceros a Indonesia, huertas a domicilio, viajes en burro ida y vuelta a la Cordillera, talleres para estudiar la vida de Siddharta Gotama, medicamentos y globulitos varios y, si revisás con más profundidad, podés llegar a encontrar descuentos para vibradores musicales importados de Paraguay. Cuando la fui a ver hace unos días me esperaba con una sorpresa. La vieja tiene un sentido de la oportunidad a prueba de cañones. Quería que fuéramos juntas a hacer un taller cuyo título era El cuenco de cuarzo y tu útero. Yo pensaba que era imposible, pero es evidente que todavía puede superarse. “Es hora de que hagamos algo al respecto”, arremetió, “se te está pasando el cuarto de hora, hija, el reloj biológico corre”. Ella es así, sutil. Como digna hija de su madre, yo también lo soy. (Oh, Dios, acabo de reconocer que me parezco, lo voy a charlar con Iturralde antes de que sea demasiado tarde). “Sí, mamá, también es hora de que me dejes de romper las pelotas al respecto”. “Pero es que este taller te ayuda a conectar tu útero con el resto de tu organismo, ¿ves? Acá lo dice”. “Por suerte, yo ya lo tengo conectado, mamá, o ¿qué te pensás? ¿qué ando con el útero en la cartera?” “Mirá, te voy a ser sincera (cuando Mami usa esa frase tiemblan hasta los monjes del Himalaya), si no lo hacés, te vas a arrepentir”. “Si no hago qué, mamaaaá”. “Si no tenés un hijo, ¿qué va a ser? Yo sé lo que te digo. Un hijo te llena, te da compañía, cuando sos madre sabés que nunca más vas a estar sola”. “Lindos todos los motivos por los que me tuviste, eh”. “Emilita, sabés perfectamente bien de lo que te estoy hablando. Cuando tu padre y yo…”. “En primer lugar, no me llames más E-mi-li-ta; en segundo lugar, dejalo a papá afuera, no lo uses cada vez que me querés convencer de algo; y en tercer lugar, ¿vos pensás que algún día llegarás a comprender que llenarme la barriguita no es mi prioridad?” “Ah, bueno, a ver, ¿y cual es tu prioridad?”

(Me dejó por unos segundos sin palabras, otro tema, diría Santos Biasatti para charlar con mi amigo Itu) Nunca bajes la guardia ni te descuides frente a Mami. “Pero, hijita, yo sé que vos le tenés miedo al compromiso, pero yo te ayudaría, ¿no te das cuenta que quiero ser abuela?” “¿Y por qué no adoptás a Maru Bottana?” No me habló por el resto de la tarde, lo cual no dejó de ser un alivio, o no.

lunes, 7 de junio de 2010

La Emilia 59: Los insoportables de siempre.

Con toda la educación y respeto que habita en mi ser les pido que, si se ven reflejados y/o reflejadas por alguna de las siguientes características, tengan a bien no acercarse a mi persona si no quieren que se me altere el sistema nervioso central y que el vuestro quede dañado para siempre:

1. te gusta vanagloriarte de que sos feliz con poco y repetir que “la felicidad está en las pequeñas cosas” después de que me contaste tu último viaje al Caribe.

2. estás convencido de que reconocés tus defectos pero te enojás si te digo que sos un boludo.

3. proclamás que tu mayor defecto es tu sinceridad y en eso te escudás para gritar a los cuatro vientos que el vestido que se compró tu mujer le queda para el orto.

4. comés sin sal, tomás café descafeinado, Coca Light, usás margarina y comés galletitas de arroz, o sea, no vivís.

5. creés que Montaner es un poeta.

6. te uniste en Facebook al grupo “Hagamos un abrazo simbólico a las foquitas de Groenlandia”.

7. sos hombre y declarás con orgullo que nunca pagaste por sexo, pero todas las mañanas le dedicás una vela a San Wanda Nara.

8. tus frases favoritas son “qué barbaridad”, y “acá no hay moral”.

9. tenés cuarenta años y estás convencido de que sos muy sano porque nunca te fumaste un porro.

10. te encanta jactarte de que no tenés televisión pero cuando venís a mi casa te tengo que hacer una lobotomía de urgencia para poder arrancarte el control remoto de la mano.

11. cuando saliste llorando del funeral de la Negra Sosa le diste vuelta la cara al pibe que te pidió una moneda en la esquina.

12. tu máximo concepto de la diversión es ir a la Fiesta Nacional del Montañés y participar del concurso de hacheros o, en su defecto, ir a la Fiesta Nacional de la Orquídea y salir coronada Miss Pimpollo.

13. pensás que Avatar es la mejor película que viste en tu vida por el mensaje que tiene.

14. creés que es cool llevar una remera de Frida Kahlo.

15. soplás y hacés abanico con la mano cada vez que prendo un cigarrillo.

Como podrán apreciar, tuve un fin de semana maravilloso. No sigo con la lista si no, como dijo una amiga hace poco, me voy a quedar sola… Ah, perdón, una más…

16. me rompés las bolas con que le tengo miedo al compromiso.

¿Entendiste, Mamaaaaaaaaaaaaaaaaá?

martes, 1 de junio de 2010

La Emilia 58: Ex in the city 2

“Ya sé, los esperamos a la salida de la iglesia y les tiramos huevos”, le dije mientras vaciaba mi quinto vaso de cerveza. “Ay, me encantaría… Agarrarle ese vestido blanco con el que seguro va a salir y hacérselo mierrrrrrda”. “Eso, Vero, eso… larguemos maldades”. Y no pudimos parar más. Que debe ser tan boluda que seguro colecciona sobrecitos de azúcar. Al pedo porque debe vivir a edulcorante. Debe ser inodora incolora e insípida. Ni siquiera califica para entrar en la categoría de frívola. No pasa el examen de ingreso en la Universidad de los Boludos. Que su dieta debe de ser a base de lechuga orgánica y berro y se debe de tirar pedos con mucho olor. Que en su casa seguro cuelga llamadores de ángeles por todos lados. Que debe ser devota de la Virgen de la Sagrada Misericordia de los Niños Minusválidos de Santo Tomás. Que con ese nombre no debe coger (o debe hacerlo con un cirio encendido en la mesita de luz). Del cirio, sé que en algún momento nos fuimos a Siria, pero no me acuerdo por qué. Volvimos y nos acordamos de un novio que tuvo Vero después de la separación al que un día le dio una especie de ataque Feng shui, se fue al barrio chino y llenó la casa de chirimbolos estúpidos. Pomaditas para todos los dolores, una fuente de agua, monedas con todos los animales del zodíaco, el gatito que te saluda y el pájaro que te mea. Y entonces nos pusimos de pie para brindar por Diego y el mundial porque nos acordamos del pájaro Caniggia Claudio Paul, y ya que estábamos con las mascotas puteamos por los perros que cagan las veredas y resumimos hablando sobre cómo te condiciona el ser el hecho de que el perro sea perro y nada más. Y de ahí nos fuimos a un novio que tuve que era paseador de perros y con el que salir a tomar un café era un lujo asiático y volvimos a lo chino y a lo truchas que eran las camisetas de fútbol que usaba, no me acuerdo si él u otro, made in China. Y recordamos otra vez a Santiago porque siempre decía que tenía “puesta la camiseta de la empresa”. Frase boluda por antonomasia. “Lo bien que hiciste en no tener un pibe con ese nabo, Vero, hay que proteger a la especie”.

Una vez que se nos pasó un poco el efecto de lo que habíamos consumido, nos comimos media docena de alfajores entre las dos. “De verdad, Vero, vos sólo no querías en ese momento… y no está mal, amiga”. En silencio nos comimos dos alfajores más cada una. “Y decime, ¿cómo se llamaba la mina al final?” “María Pía” “¿Y la novia que tuvo antes de casarse con vos no se llamaba María de los Milagros?”. “Sí”. “¿Y eso no te dice nada, Vero?” La carcajada nos invadió otra vez y brindamos por María Pía, para que sea muy feliz y para agradecerle, porque se llevó a un tipo que nunca jugó al fútbol y hoy es campeón de la Play.