miércoles, 26 de noviembre de 2008

Sólo un cuaderno.

Es negro. En la tapa le pegué una foto de Marlo Brando como El Padrino y en la contratapa una de Tarantino haciendo como que se corta el ojo al mejor estilo Buñuel. Hace años que ahí escribo todo lo que se me ocurre, lo que escucho, lo que pienso y lo que creo escuchar o pensar, ideas para futuros cuentos, párrafos que a la madrugada parecen brillantes y a la mañana no tienen sentido, sueños que nunca nadie escuchará, mucho menos leerá y tal vez nunca tuve. Es mi fetiche; no puedo ni siquiera empezar a escribir si antes no lo hojeo y leo alguna de esas frases que termino no usando nunca y definitivamente no puedo escribir ni una composición tema la vaca si no lo tengo a mi lado. Lo perdí. Creo que sé dónde pero no estoy segura. Llamé y me dijeron que lo van a buscar pero que no lo vieron. Tengo mucho respeto por el sentido y el peso de las palabras, no voy a decir “me quiero morir” ni “me quiero matar”, básicamente porque no es verdad. Lo que sí es cierto es que durante un tiempo largo cada vez que piense en él voy a llorar. Parece que estuviese hablando de un hombre, pero no, es sólo un cuaderno.

viernes, 21 de noviembre de 2008

el de las chicas.


"Vuela, pensamiento, y diles
a los ojos que más quiero
que hay dinero."
Quevedo


"Hay efectivo".
Alberto Olmedo



-Hola.
-Hola, ¿Maru?
-¿Qué hacés, Clau? ¿Cómo andás?
-Para la mierda.
-¡Eh!... ¿Qué pasó?
-Nada... todo... qué sé yo.
-¿Te estás por indisponer?
-No, no... estoy cansada, todos los días lo mismo. Los nenes en la escuela, Julio en la oficina, yo todo el día sola con Juana, un embole mi vida.
-¿Pero no empezaste tenis la semana pasada?
-Sí, pero no me alcanza.
-Y bueno, buscate otra cosa.
- ¿Vos también te vas a poner como Julio, que piensa que como no trabajo me rasco todo el día? ¿Y a los chicos quién los va a buscar a la escuela? ¿Quién los lleva al pediatra? ¿Quién hace las compras y les prepara la comida?
-Juana, dulce.
-Al pediatra voy yo, che. Y también soy yo la que tiene que pensar qué comprar, hacer la lista y decirle qué cocinar. Porque cada uno tiene sus mañitas en esta casa.
-Entonces estás bastante ocupada.
-Obvio que estoy ocupada. La casa, la escuela, el perro... ¿Y no te pasa a vos que todos piensan que tenés tiempo de sobra y te encajan mandados? "Ay, vos que podés, ¿por qué no te encargás del regalo de la maestra", "Ay, vos que tenés tiempo, ¿por qué no organizás algo lindo para fin de año para el grupo de gimnasia?"
-Todo el tiempo me pasa, pero qué querés, es la envidia.
-El colmo fue el otro día la mina que me hace el drenaje linfático, ¿sabés la que te digo, no? La del spa que abrió hace un par de meses sobre Libertador.
-La ubico, sí.
-¿Fuiste? Es buenísima, te mejora un tocazo la celulitis.
-Sííí. Y también tienen otra mina que te hace lo de las vendas frías y el criógeno que es buenísima. Y ni hablar de la que te hace el velo de colágeno.
-Esa no la probé, ¿ves?
-Te la super recomiendo. Te deja el cutis como un bebé y, si querés, también te saca las manchas.
-La semana que viene empiezo. Bueno, pero volviendo, ¿a qué venía esto? Bueno, no importa, ¿entendés lo que me pasa?
-Gordi, te re entiendo, pero es así, qué le vas a hacer.
-No sé, por lo pronto, estuve hablando con Julio y le dije que esto así no da para más. Yo necesito más atención, que me charle un poco, sentirme más contenida. No puede ser que cada vez que yo le voy con un planteo me diga todo que sí y después no haga nada. Siento que me subestima, ¿me entendés lo que te digo?
-Obvio, si a mí me pasa lo mismo.
-Me parece que le voy a decir que nos separemos, o que por lo menos nos tomemos un tiempo.
-Ay, nena, pensalo. No es fácil nuestra situación, pero peor es estar sola.
-¿Y quién te dijo que me voy a quedar sola?
-¡Epa! Dame detalles.
-Ojitos verdes.
-¿Quién?
-Brazos musculosos.
-No lo ubico.
-El potro del kiosco, nena, el que está al lado del lavadero de autos.
-Ay, cierto, está buenísimo ese bombón. No me digas que te tiró onda.
-Me parece que lo que quiere es que yo le tire otra cosa a él. Te cuento... El otro día cuando fui a hacer lavar la camioneta, me dejó una rosa roja en el asiento. ¿Sabés cuánto hace que Julio no me regala flores? Pero no sé, viste. Es tan pendejo que no sé si fifármelo o adoptarlo.
-Pero divertite, nena, una alegría cada tanto. Un poco de adrenalina. Eso sí, cuidate, no vaya a ser cosa que te pase como a mí.
-¿Qué te pasó? No me digas que te descubrieron lo del profe de salsa, pero si eso fue hace como dos años.
-No, justamente, nunca me descubrieron. Y yo nunca voy a descubrir si Tomasito es Alcolumbre o García.
-Ay, tenés razón, me había olvidado de eso. Bueno, muy morochito no es, así que debe ser Alcolumbre, quedate tranquila.
-Mirá, y si no, me iré a la tumba con la duda.
-Totalmente.... Ay, mirá la hora que es. Me tengo que ir a Pilates. Hablamos a la tarde, corazón.
-Listo, bonita.
-Gracias por escucharme. Te quiero mucho.
-Yo tampoco.

martes, 18 de noviembre de 2008

Autobombo.

La revista EL ARCA DIGITAL hizo el siguiente comentario en su último número:





Huracán en la garganta
Adriana Menendez
Nuevohacer- Grupo Editor Latinoamericano, Buenos Aires, 2008

Trece historias bastan para revelar la capacidad narrativa de Adriana Menendez. En ellas se encuentra todo lo que debe conformar una buena pieza del género. Brevedad. Concisión. Conceptualización. Ligereza en el tono. Belleza en la expresión y buen remate final."Huracán en la garganta" es una explosión de sentimentos exponiendo pequeñas anécdotas cotidianas, a veces poco perceptibles, para sensibilidades no acostumbradas a la observación de detalles mínimos que definen convivencias, estados de ánimo, captaciones en fin, de realidades tan comunes como la existencia misma. Cada uno de estos relatos deja al desnudo, como a contraluz, con sutileza, una personalidad oculta en cada personaje, como el de la madre, que deja mensajes anónimos en el contestador de su hija con el fin de desestabilzar su pareja; o el de la monja, que decide dejar en libertad sus instintos eróticos de manera exagerada; o las amigas, que hablan por teléfono interminablemente sin comunicarse nada realmente importante, sin escucharse siquiera la una a la otra; o el de la boda, en cuya fiesta convergen distintas clases sociales, lo que enfrenta las diferentes características personales e, inopinadamente la esposa de un subalterno de la empresa en que todos trabajan, decide romper con todas las reglas de etiqueta y de buen gusto. Todos los relatos muestran un trasfondo silenciado en sus protagonistas, que en algún momento se hace visible. No siempre en el más oportuno. La serie narrativa, que se agrega a dos títulos anteriores de Adriana Menendez (1965) "Un poquito de smog" y "Maquiavelos y estafados", se enriquece en una cuidada edición que lleva una contratapa firmada por Fernando Sánchez Sorondo.
Nina Thürler
( pido perdón por el ataque de vanidad, pero no me pude contener, lo quería compartir, gracias)

viernes, 14 de noviembre de 2008

el de la loca

En mí, la personalidad es una especie de forunculosis
anímica en estado crónico de erupción...
Espantapájaros – O. Girondo




...como los locos, dicen que hablo sola como los locos; y obvio, ¿qué esperan? ¿y los dormidos qué? ellos también hablan, como mi sobrino carlo, y nadie les da bola aunque confiesen que apuñalaron a diez por la espalda, y a mí sí; si no les gusta lo que tengo para decir es otra historia, encerrada como estoy entre estas cuatro paredes donde me pusieron; usted espere acá, ni que fuera fácil, para qué me rompí el culo estudiando tantos años en la facultad, la pasé bien igual, era tan joven... para terminar acá, no digo que no me guste, es lindo pero está lleno de viejos escleróticos y te viene a ver tanta gente que uno no conoce o sí, a ver voy a espiar, sí a esos dos los he visto antes, ja, mis hijitos lindas joyitas corazones de mamá tan perfectitos ellos ¿por qué me salieron así? yo no los quería y vinieron así que ahora a bancársela, hice lo mejor que pude si tienen alguna queja que vayan al psicólogo como yo qué mierda; admito que mi psiquiatra está loco dice que soy una soberbia, pero si mi perfección no deja lugar para la soberbia... se creen que no sé qué piensan él con su mujercita y esos dos angelitos que tiene de hijas nunca vienen a verme la madre no las debe dejar ¿qué problema tiene la abuela? esta señora no sabe que no se puede criticar a la madre de un ser humano, salvo a mi suegra que es un bicho canasto y como tal engendró a un gusano, ¿las voy a comer? cuántos bomboncitos me comí en la época en que viajaba, el italiano fue el mejor no tenía problemas no le hacía asco a nada, hablando de eso no hay nada que me genere más asco de ese tipo profundo carnal visceral que sentarme en el inodoro y que la tapa esté calentita... y cómo no van a ser así mis nietitas los monos tienen monitos y mi hijito se las trae, se cree que no me doy cuenta pero cuando puede me echa en cara que lo abandoné por mi carrera, si la niñera que les puse era bárbara la alemana, tres idiomas hablaba, no tengo culpa porque mi maridito hacía lo mismo se cogió a todas las minas de la oficina y cuando no quedaba ninguna llamaba putas, toda la vida haciéndome la boluda y comiendo con gente que también sabía y yo, lady di un poroto al lado mío, pobre mujer morir tan joven, otra cornuda consciente y complaciente pero que bien tenía sus asuntos por ahí, le gustaban mucho los tampones ¿o ése era el marido? no importa, lady di y yo somos parecidas, habrá abortado ella, y bueno ya tenía cuarenta y cinco para qué traer otro pibe al mundo, la alemana ya se había jubilado y vuelto a alemania y a mí me estaban por nombrar presidenta de la sociedad endocrinológica de américa latina qué iba a hacer, los otros ya estaban criados, si la nena ya vivía sola no como ahora con ese don nadie que se llevó al departamento, cómo no se da cuenta que la usa que lo único que quiere es vivirla y sacarle los pocos pesos que gana, en mi época vivir con un hombre sin casarse no existía, espero que por lo menos tenga orgasmos yo me enteré que existían los múltiples de grande y por la tele qué boluda pero después me puse a tiro qué desperdicio tantos años menos mal que por lo menos el doctorcito me hizo gozar como loca si no, gritaba como una yegua ¿seguirá viviendo en el campo mi primo? la verdad es que pensando te olvidás de la gente... y ahora que enviudé gracias a dios, se hacen los preocupados por mí, que si tuvieran lugar me llevarían con ellos que la plata no alcanza si no, yo me arreglo sola gracias, todo para terminar acá, con todo lo que leí en mi vida evidentemente no aprendí nada, tanta filosofía tanta filosofía terminé hablando sola, por lo menos tengo el pucho mi fiel compañero fasito, me gustaría conseguirme alguno de los otros hace tanto que no fumo voy a ver a quién le puedo pedir, pero ahora es más difícil vieja loca me van a decir a la vejez viruela qué se piensan, que nunca me fumé un porro, la puta que los parió a todos... ya me van a escuchar ahora en un ratito nomás les voy a hablar de la malaria argentina como epifenómeno del trastorno de conducta, desde los diaguitas hasta hoy, malaria es lo que deben tener todos estos si no tienen un mango, o la conducta se les habrá trastornado por otra cosa... el que nunca me vio fumada fue mi marido pobrecito dios lo tenga en la gloria, no lo hubiera soportado, o yo no hubiera soportado otro bife más cuántas cachetadas me dio no se bancaba que a mí me fuera mejor que a él, menos mal que se murió bien en el infierno debe estar con todas las que se mandó, cuando recién lo conocí y hablaba poco pensaba que era enigmático y seductor, mudo era el tipo nunca tenía nada interesante que decir y yo con ese huracán en la garganta permanente, un tendal dejó el turro, el peruano que si te descuidás te la agarra con la mano dice el chiste me quiso cobrar la deuda a mí a magoya cobrásela le dije andá mirate la de gibson vivite las doce horas de pasión en machu pichu y después hablamos bombón, igual mel gibson me gustaba más cuando hacía las de aventuras cómo me calentaba en arma mortal me acuerdo de la escena cuando se mete el revólver en la boca, yo no me quiero matar a veces me quiero morir nada más aunque sería mejor que nos muriéramos todos juntos si no te sentís muy mal porque en tu familia se quedan todos solos sin vos imaginate encima de muerta angustiada es demasiado, así no hay cuerpo que aguante... cuánta mierda junta... esta comida que te dan acá es horrible yo tengo la vesícula perezosa después me da gases y repito todo el día y para colmo no me cortan la rúcula a la gillette como a mí me gusta yo soy fina y delicada y nadie se da cuenta y la pizza que me dieron el otro día no era finita, qué mal te veo buenos aires todos comen carne podrida, bien espectacular va a ser mi muerte seguro después me van a llorar, al buey solo dios lo ayuda y bien se lame el que madruga no hay peor sordo que el que no quiere ver... ahí viene otra vez ese monigote cara de chupaleta, por qué no vino hoy a la mañana cuando me desperté y no me encontré no me ayudó a buscarme buen susto me di y a nadie le importó nada...

miércoles, 12 de noviembre de 2008

De vuelta.

El jueves pasado fue la presentación de Huracán. Día de nervios, expectativas, que quién vendrá, que quién no, que qué me pongo (típico de mina a último momento todo te queda mal). Día emocionante. La gente fue llegando, los amigos de siempre, los conocidos, y las sorpresas. Emoción enorme cuando llegó Esther Díaz,

doctoraza en filosofía, a quien admiro muchísimo. Y ni hablar de dos personas muy queridas por estos pagos, que siempre pasan y dejan sus comentarios: Marce D’Onofrio

(detrás del amigo en primer plano, esperando para saludarme y seguramente pensando "¿estas cosas dice después de una copa de vino?")
y de Espejo,

(sorprendido en un primerísimo plano, y tal vez también por las cosas que estaba escuchando de las reunidas a su alrededor). Me encantó conocerlos y les agradezco enormemente que hayan ido.
Las palabras de Fernando Sánchez Sorondo, un lujo.

Algunas de las cosas que dijo:
La presentación del nuevo libro de Adriana Menéndez en un contexto social, político, filosófico y hasta económico sacudido por toda suerte de turbulencias del país y del mundo, confirma el don de sintonía, de oportunidad –oportunidad, no oportunismo- de la autora, propia del artista verdadero -contemporáneo, ante todo, de su propio tiempo. Precisamente uno de los rasgos más interesantes de Huracán en la garganta consiste en que sus cuentos operan a la manera de una catarsis pero no individual -o al menos no sólo individual, autobiográfica- sino colectiva: una biografía no autorizada de nuestra idiosincrasia. Jung habló del inconciente colectivo: estos cuentos son eso, más la mala conciencia colectiva; y constituyen también su exorcismo. Adriana pone la garganta por donde truena el huracán, que somos nosotros. Y la loca del cuento es la loca del cuento pero también esta Argentina rayada que encarnamos entre todos y que vio el Orgasmo del Primer Mundo por la tele. La que engañamos y nos engaña con otro, con muchos otros, aunque nosotros seamos como siempre los últimos en enterarnos (…)
Fue Mario Lion, en su doble perspicacia literaria y psicológica, quien lo vio primero, cuando Adriana nos dio a conocer los borradores. Recuerdo que se entusiasmó, ante todo, con el coraje, con la osadía de Adriana, con su destreza antológica en la exaltación de lo genuino y en la sátira y el desenmascaramiento de lo espurio, lo impostado, lo trucho; ese rictus social pretencioso que Moliere teatralizó en su tiempo a través de “Las preciosas ridículas”.
Y es cierto, espectacularmente cierto: leer este libro equivale a mirarse –mirarnos- sin anestesia. Y sin embargo y curiosamente no implica para nada un ejercicio masoquista ni sádico, sino todo lo contrario: como la protagonista de la película argentina “Un novio para mi mujer”, los personajes de Adriana, mufados y antihéroes, resultan finalmente hasta heroicos en su conmovedora sed de veracidad. Y por otro rasgo que seduce en la vibración narrativa de estas páginas, al que Leopoldo Marechal supo llamar en su Adán Buenosayres “humorismo angélico”; “gracias al cual –escribió- también la sátira puede ser una forma de la caridad, si se dirige a los humanos con la sonrisa que tal vez los ángeles esbozan ante la locura de los hombres”. (…)
Huracán en la garganta constituye otra vuelta de tuerca en el escrache literario que Adriana practica, relato a relato, libro a libro, cada vez con mayor saña y talento, pero con una sonrisa. (…) Estos cuentos muestran el don extraordinario de una escritora que sabe encontrar el tono, el modo justo y la manera despiadada pero tierna de acompañarnos a reconocer un mundo que es ancho pero no ajeno, de reconciliar los opuestos, sus luces y sus sombras, mediante un sentido del humor que queda a apenas una letra del sentido del amor. (…) Adriana, de un modo que parece reservado sólo a la vida misma (y a alguno de sus privilegiados intérpretes y/o “coautores”, por así llamarlos, entre los que cabe incluirla entonces a ella) logra deslumbrar por su talento para unir los opuestos, por ejemplo lo dramático con lo gracioso, mediante un desdoblamiento o a favor de una distancia que, paradójicamente, se vuelve cercanía, intimidad.
“El cuento de los mensajes –se entusiasmó al respecto un lector que es también escritor: Gabriel Sánchez Sorondo- está entre mis preferidos… Me reí mucho con el tono dramático que iba cobrando esa amenaza, tan infantil y a la vez tan jodida, con la mala leche de la que sólo son capaces las madres de hijas mujeres”. Por su lado, Julio Bárbaro destacó la condición de “cuentos capaces de adentrarnos en universos apasionantes”.
Sospecho que es al don unitivo, integrador, antimaniqueo por antonomasia de nuestra escritora, y a su consiguiente maestría para establecer la unidad en la diversidad, que debemos esa absoluta, misteriosa, perentoria, insistente y casi anómala conexión que sentimos cuando la leemos.
Por eso es muy placentero –escribe en el blog de Adriana uno de los muchos otros interlocutores suyos que allí dan su testimonio- encontrarse con los cuentos de esta escritora, que nos lleva, sin darnos cuenta, por la historia de sus personajes…Hay algo en esos personajes que conocemos sin conocerlos, como ese marido a quien podemos adivinarlo como un cretino, aún, tal vez, sin conocer a nadie así…”
(nota mía: fue D’onofrio)
Lo comparto plenamente y creo, para terminar, que en Huracán en la garganta la autora alcanza la nota más alta en su propia producción narrativa –precedida por Un poquito de smog y Maquiavelos y estafados- y una de las voces mejores y más genuinas de su generación.
Sus relatos, sus monólogos y hasta los epígrafes que interactúan con las historias logran esa difícil sencillez por la que parecen estar allí esperándonos desde siempre, a vuelta de página, encarnados por personajes familiares por lo cercanos. Y seducen y atrapan al punto de hacernos olvidar de todo lo demás, empezando por nosotros mismos y por el hecho de que estamos sólo leyendo, leyendo cuentos, cuentos maravillosos, cuentos divertidos, cuentos conmovedores, insolentes, patéticos, desesperantes, insoportables, irreverentes, puros cuentos, al fin.”

Luego Gabriel Sánchez Sorondo tocó dos de mis tangos favoritos, “Muñeca Brava” y “Chorra” y dos temas de Waits. Y dijo una frase que me encantó: “la ficción es ese lugar donde todos somos inocentes”.
Y después nos tomamos unos vinos y nos reímos y festejamos… que no es poco.

(Y el viernes tuve un ataque de muela feroz, que no me permitió hacer casi nada hasta el día de hoy – el tío Sigmund se haría un festín conmigo)